lunes, 4 de agosto de 2008

FLECHAS EN EL AIRE

Sí ya sé, me lo había prometido a mi misma la primera vez que lo ví, que sería la última. Hace apenas dos años y aqui vengo, sintiendome obligada (como casi todo lo que hago ultimamente) a ver un espectáculo aereo militar. Y cómo iba a decirle a mi familia que se fueran ellos, que no tuvieran madre por un rato y me dejaran sola un sabado en la casa, aburriendome como una ostra?

Las flechas rojas ya estan en el aire, ascendiendo y descendiendo disparadas por motores de la RAH (Royal Airforce Hawks). Los espectadores complacidos por el despliegue de humo rojo, blanco y azúl, los colores de la bandera norteamericana, y líneas generadas por un efecto mecánico, especialmente para el evento anual de la base aerea militar Langley, en Virginia; se inflaman entre los estruendos, voces y humo, formando una nube que se expande conforme avanza el día. Veintisiete aviones británicos de combate, los invitados de honor, y un cazador norteamericano, forman figuras simétricas con una presición sorprendente; la simetría del diamante holográfico, el triángulo, el triángulo invertido, la Ve y mi favorito, la simetría del vuelo del águila.

De siete punzones en la placa del cielo, a decenas de flechas propagadas por la explicación agitada del comentarista, se van encendiendo los engranes del entusiasmo espectante ante los halcónes rojos, los cuales ejecutan acrobacias multiplicandose en cada aparición, a la altura de una reputación británica, lograda magistralmente primero en la Gran Bretaña, y luego en varios países del extranjero, al equipo lo respaldan ya treinta y algo años de experiencia.

Trás de las palabras apresuradas del cronista, entre ondas de sonido compreso por el movimiento y la presión de la atmósfera, se logra identificar en los altavóces la euforia de los pilotos, exaltados al momento de lanzarse en giros apretados, a velocidad suicida, mientras se oyen gritos en el público, exclamaciones como "van a chocar!" despúes, ascender en una verticalidad casi total y descender en un rumor de palmeras dibujadas. De manera aislada, la caída haría pensar en el delirio de los kamikazis japoneses de La Segunda Guerra Mundial, entregados previamente en un ritual patriótico, como acto de honor a estrellarse contra embarcaciones enemigas. Pero aqui no hay embarcaciones enemigas, ni guerra, la guerra esta en El Medio Oriente. Aqui solo quedan, nada, instrumentos de guerra entretejiendo homenajes, pensamientos, hermosos sueños etereos, dudas, dudas, una sordera de motores zumbantes, y más humo de colores, difuminando la forma de los árboles en la distancia.
Beatriz Osornio Morales
PARADOXIA

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