martes, 25 de noviembre de 2008

Y ahora algo terrible...


LINEAS DE POLVO


Ausencia es lo que reina en este vasto territorio de batallas sin cumplir. La falta de alguien cercano es lo que peleo a diario. Su escasés es la escasés de la ciudad que no se ha construido y esta en guerra. Yo me convertí en un guerrero para salvaguardar a los habitantes de nuestra urbe.

Ven esas líneas en la pared?, es decir, en el papel?: Son cenizas de cuerpo quemado. La estupidez ha sido la causante de miles de crímenes, levantamientos en armas contra el mundo de los que también tome parte.

Si les consuela, ya no peleo, ahora soy disidente. Pero cuando colgué el teléfono aquella noche, quedaron las palabras resonando en el hueco de la habitación, del mismo modo que aire en una botella vacía. Con la voz quebrada, repetí las palabras que dijo. Y me propuse no olvidar, sí, es cierto.

Dejarme por otra persona, eso acalora. Pero pedirme consejo a dónde llevarla para celebrar el día de San Valentin, y dejarnos de ver para ofrecer estabilidad, luego hablaríamos...eso convierte a cualquiera en incendiario.

No, no cancelé el viaje a Chiapas, yo soy fuerte y no puedo permitir algo así. Con todo y el sabor metálico del dolor, me obligué a sonreír cada instante, hasta que la tristeza se hiciera más honda, más oscura, hasta que se pareciera más a mi o al fuego, lo mismo da.

Pensar que me tenía en la palma de la mano, pero pasaron meses sin que supiera de mi.

Cuando murió su padre estaba desamparado, desarmado contra cualquier aparición repentina. Llegamos al funeral unos amigos y yo; le soltó la mano a su novia en cuanto nos vio llegar y toda la noche la ignoro, sintiéndose fuera de lugar, la mujercilla gorda se fue, junto con la madre alcahueta. Más tarde, hablamos de cosas sin importancia, mencionó un poema que publiqué seguido al rompimiento. Que bueno que llegó a ti, pensé. Era parte del plan.

Le di mis condolencias y abracé a su madre con sinceridad.

Después fue él quien me buscó por cielo y tierra. Yo, parada en el marco de una puerta inexistente pero abierta, en la cima piramidal de los dioses, lo vi claro, el dios del fuego, ha de ser el fuego el final de todo.

Cuando la nada se hizo insoportable le seguí los pasos. Un día sin querer se nos cerraron las avenidas y las laterales de las avenidas, sólo quedaba una salida, retroceder. Y así fue. Andamos en dirección a mi casa como antes. Hizo insinuaciones a cerca de lo que paso, yo fingí mala memoria pero no se dio por vencido, escarbó las brazas hasta que se reavivó la llama.

Hicimos el amor por última vez. Allí al cerrar la puerta en la oscuridad, no tuve tiempo de encender la luz. Contra la pared, resbalé hacia el piso, tendí mi cuerpo sobre los azuléjos fríos. Ni una palabra, ni un te quiero, sólo gemidos, murmullos y adivinanzas. Todavía semi desnudos, me dejo para ir al baño. Estaba satisfecho, no tomo importancia en lo mojado del piso ni el aroma inflamable, cerró, yo, tras él, aventé el cerrillo encendido por la abertura de la puerta. Oí el bufar del fuego. Oí sus gritos. Logró abrir la puerta cuando ya estaba envuelto en llamas. Corrí a la calle, él trató de seguirme. Pero ya no era un hombre, ni un fuego, era una multitud de fuegos.

Se quemaron todos sus miembros; la nariz que me regalo alguna vez en la azotea de su casa, las orejas que le di contando estrellas, las manos que me dio el día que jugamos a la gallinita ciega, la boca se hizo de una sonrisa quemada, el huequito en su estomago que siempre lo delató en la cama, se quemo. Se quemo su cuerpo, su piel macerada por el sexo, los pies, las piernas de cumpleaños, los ojos también ardieron en su visión de París. La casa quedo cubierta en cenizas, el aire huele a quema dura.

Ven esas líneas de polvo en la pared? es decir, en el papel?. Son cenizas. Todo lo que queda en este vasto territorio sin nombre, en este pedazo de papel arrugado, son cenizas de ausencia. El único acercamiento posible entre nosotros.



Beatriz Osornio Morales.PARADOXIA

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