lunes, 25 de enero de 2010

PENSAR



Hampton Virginia, Enero de 2009.



En ciertas condiciones escribo para poder dormir. Quiero cerrar los ojos y no pensar en nada, pero pienso en cerrarlos y la mente salta hacia un punto fijo, gira, da vuelta para terminar donde mismo como disco rayado.

Llevo toda la tarde pensando en eso ¿qué? ¡Diantres! no sé ya lo que estoy pensando. ¡Ah si! la clochard de Débora, suena y se sienta en la entrada de la catedral cociendo una manta negra, salta, me resuena como un eco triste. Pensar en ella me recuerda al indigente que tenía su casa frente al banco del mercado Independencia. Era conocido por todos por ser indefenso. De día deambulaba por la ciudad rescatando desperdicios de los basureros, de noche se instalaba con su casa portátil de cartones y cobijas viejas en la entrada de Banamex. Los del banco lo toleraban siempre y cuando desapareciera antes de la hora de abrir.


Yo lo llegué a encontrar en alguna de mis caminatas por alguna acera. Algo temerosa por su apariencia desaliñada, el mal olor de sudor rancio y la mirada dislocada, debió ser la razón para que yo me hiciera a un lado cada vez que lo encontraba. Pero recuerdo haberlo visto limpio un par de veces, hasta rasurado y con el pelo corto cargando sus pertenencias a salvo de las lluvias, entonces caminaba en el centro de la acera para que él tuviera que hacerse a un lado.


En los dos años que viví cerca, el hombre indigente se fue convirtiendo en uno más de mis conocidos del vecindario, nunca cruzamos palabra pero hasta la fecha lo recuerdo. Yo me fui a otra colonia, él siguió su destino de tolerancia pacífica hasta que un invierno crudo, su caso amaneció en los diarios con un encabezado que leía: MURIÓ DE FRÍO.

Ahora que es tiempo de conciliar sueños y se me han acabado las donas y el café, pienso que si aquel indigente no hubiese sido tan pacífico talvéz seguiría vivo. Eso sí, la clochard de Débora me parece menos pacífica y más indiferente, no voltea a mirar más que a los escogidos, los demás no le han visto más que con ojos extrañados. Eso pienso cuando es hora de dormir pero pensar puede jugarnos bromas, particularmente si escribo para poder dormir o Extraño Morelia.


Beatriz Osornio Morales,IMAGEN DE LA RED.

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