viernes, 22 de octubre de 2010

Cadáver Exquisito

"DAMA" M.B. Logghe


EL ASCENSOR

Andando largo rato por las aceras de la calle y mirando el suelo recién restaurado, de pronto, las baldosas y sus líneas intermedias, le hicieron pensar en variaciones musicales. De inmediato recordó que hace tiempo su prima Emilia –que estudiaba ingeniería química- le contó como para ella descubrir el mundo, al ver las imágenes era pensar todo en química, formulas y ecuaciones numéricas. A Rosaura entonces le pareció excesivo, pero ahora comprendía mejor; A pesar de que se había convertido en estudiante de música, casi por casualidad, mejor dicho para satisfacer los deseos de su padre que siempre quiso un músico en la familia, con el tiempo se fue adentrando más en el estudio de la composición, desde tomarle un especial cariño, hasta los últimos dos años en que sin darse cuenta se había convertido en una obsesión.

Vivir sola ya no le importa, siempre y cuando tenga el piano para hacer su música…ya que hacer amistades nunca fue sencillo.

La única persona con la que ha cruzado palabra desde que se mudo al departamento –aparte de las negociaciones con los administradores del fraccionamiento, y los saludos automáticos de los que intentan ser buenos vecinos pero siempre andan a prisa- fue un muchacho de apariencia desenfadada, contradictoriamente, algo tímido y con la mirada furtiva. Debía tener similar edad a la de Rosaura.

No estaba en sus planes hacer amistad con el muchacho, sin embargo, esa noche, algo extraño sucedió en el ascensor: Él miraba su falda oscura sin atreverse a levantar los ojos… (Beatriz Osornio Morales)

Mientras chascheaba sus dedos en la pared, simulando el cabalgar de un jóven potro. Rosaura lo miró intentando adivinar a qué se debía el repiqueteo acompasado y constante. El chico paró de repente, sintiendose descubierto. En ese momento paró el ascensor en la planta tercera y subió un viejecito con gorra y bastón arrastrando sus pies... (María de Jesús MAJECARMU)

Su aspecto, algo destartalado, su marcada corpulencia y su silencio se adueñaron en ese momento de la atención de Rosaura. Miraba a tan peculiar personaje intentando descifrar los contradictorios sentimientos que le producía cuando, de repente, la cercanía corporal de aquel muchacho, mucho más que evidente, casi provocadora, le hizo volver  de nuevo su mirada hacia él. Fue entonces cuando le descubrió asustado y tembloroso intentando protejerse tras ella ante la aparente amenaza de aquel anciano que, no obstante, parecía no reparar en su presencia.... (Javier)

En ese momento paro el ascensor  y bajo D. Inocencio Monteverde, el viejito de zapatos de charol, pantalón gris casi negros, camisa azul casi celeste, chaqueta a juego y bastón con empuñadura de plata. Andaba de prisa por llegar al velatorio de su primera novia Macarena, aquella que lo dejara plantado, después de siete meses de relaciones, por el hijo de D. Severiano López del Hurtado, en aquel entonces, cacique del pueblo. Tenía muy claro lo que venía a decirle a Severianito.
Pensando en sus cosas, no vino a darse cuenta que dejaba solos a los jóvenes a las puertas de la calle en un día gris de otoño... (Miguel Bueno -Piedra-)

De pronto, la realidad -el ascensor, ella y el jóven- se abrió como una zanja abismal e iluminada. Rosaura sintió aquello indecible, aquello indescriptible e impronunciable, aquello que -ocasionalmente- lograba vivenciar tras horas de ejercicios en su piano...con una fuerza inusitada empujó al muchacho y salió tras de los pasos de Inocencio. Muzorsky, Debussy, Schubert, Chopin,  toda la música más bella jadeando incesante en su mente. (Eva Magallanes)
Inocencio dobló la esquina y, Rosaura le siguió al trote. Algo en su interior le llamaba a seguirle. Esa fuerza que solo el arte ejerce en los seres privilegiados que logran verle. Se vio entonces en una calleja de adoquines. La ciudad entera fue cambiando de forma a medida que seguía al viejo. Y ni siquiera le parecía raro que éste anduviese a un paso tan raudo.
De pronto, todos los ojos de la noche parecieron pesteañear, y una oscuridad azul comenzó a masticarlo todo. Ya no entendía nada, ni quería hacerlo. Sólo siguió el trote enmedio de tan inusitada penumbra.
Un escalofrío la recorrió por completo y abrió los ojos.
Se vio parada en el ascensor, como si nada hubiera pasado. Sola, y esperando llegar al primer piso. "Cosa extraña" se dijo. Y miró hacia los números incandescendes que le indicaban su posición vertical.
Y cuando abrió la puerta  metálica del ascensor ( que parecía una membrana burda que dividiese dos universos) Y entró un muchacho de apariencia desenfadada, contradictoriamente, algo tímido y con la mirada furtiva; aparentemente de su misma edad. Rosaura no lo pensó dos veces y esbosó un firme "HOLA"
(Matía Muñoz Carreño)

FIN

Estimados lectores El Cadáver Exquisito, es un juego que realizaban los sur realistas que encabezó el poeta francés André Breton. Se trata de que alguien inicie un poema o relato, con unas cuantas frases, y enseguida, alguien más lo continúa, después alguien más y alguien más. Lo que resulta es la llamada "escritura automática"
 A sugerencia de Eva Magallanes del blog LA CALA, he decidido sugerir  este comienzo de relato, para los que gusten continuar o tengan otras sugerencias, adelante, la moneda ya está en el aire. Completémos el cadáver exquisito. Pongan su parte en el comentario y yo lo iré subiendo y acomodando. Aquí lo que importa es divertirnos. A ver qué sale. De antemano, gracias por participar.

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