viernes, 4 de noviembre de 2011

IV

El derribo


Las cosas habrían salido a pedir de boca, excepto por un cabo suelto que no habían logrado terminar de cortar. Era culpa de Agar por no acatar órdenes, se dice. Siempre opta por hacer las cosas a su manera. Ya solo faltaba cortar las amarras del lado de Eva, cuando oyeron chillar las sirenas del bote patrulla, venían del lado del mar. Asustados por el resplandor de la luz azul, corrieron a esconderse en un pasillo oscuro y solitario, incluyendo Agar a quien le tocaba maniobrar esa amarra.


Temerosos de ser vistos,  fuera de casa,  se fueron alejando en silencio hasta otra calle desierta. Ya estaba amaneciendo y al no saber la respuesta que darían al líder, se quedaron a buscar una explicación que los justificara por no regresar a terminar el trabajo asignado, habían sido advertidos que si algo salía mal y no derribaban el puente por completo, ambos extremos, Adán y Eva, todos serían culpables, como sucede en trabajos de grupo. Tratando de solucionar el problema, fumaron, deambularon, discutieron contra Agar,  incluso vieron pasar a una mujer con bolsas de pan que los observó sospechosa, su primera reacción fue seguirla, más no sabiendo lo que vendría después, desistieron al verla doblar la esquina. Imposibilitados para solucionar el error cometido, decidieron darse a la fuga por los túneles. Pero el pensamiento de tener que pagar por el error de Agar, se los iba comiendo en silencio. Anduvieron un tiempo los cinco juntos, alcabo de un rato decidieron confrontar a Agar y poner en claro que las cosas no se quedarían a sí. Condenados a la discordia, el grupo de hombres se deshizo. Agar fue amenazado de muerte si no decidía él mismo cambiar de camino.


Abandonado, Agar desapareció por un túnel con escalinatas que bajaban, interminablemente,  el pobre hombre  no podía ver ni una pizca de luz, le sudaban las manos y  sintió que un liquido pesado se fue posando  en su frente hasta escurrirle en la cara. Y así, como tragado por las entrañas de la tierra, Agar  se abandonó también al olvido  de las  ciudades. 

Beatriz Osornio Morales. imagen de la red.
Esto es de la serie de cuentos "Las Ciudades de Adán y Eva"
Tengan todos un bonito fin de semana!

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