viernes, 22 de noviembre de 2013

LEONOR


              
Este relato fue escrito con cariño y respeto en memoria de mi abuela. que está en el cielo.                                    
                                                          Dedicado a Judith, M.Magdalena, y quien quiera que reconozca a Lucía.

     "¿Qué es el pasto Lucía?". Es la luz que penetra las gotas del rocío; La luz verde que se hace hoja, raíz de hoja y de agua para alcanzar a escuchar al hongo brotando de la tierra.

 Yo soy Lucía, salgo temprano por la puerta del sueño y del verano, a recoger hongos frescos del llano.

     Cuando regreso con la canasta llena, encuentro a la abuela sentada junto al fogón, alimentando al fuego con sus manos santas, entumecidas por la terquedad de los años y el trabajo, su delantal de lunares diminutos, trenzas largas, y su imagen de mujer amorosa iluminada por el reflejo del fuego. Hoy parece haber olvidado la muerte del abuelo, me recibe con una sonrisa desdentada. Cuando uno de sus nietos le ha traído un regalo, se alegra tanto que no quisiera deshacerse de su contento; sea un caramelo, un tamal, una bolsita de colación o un ramillete de flores del huerto, se apresura a esconderlo en alguna de las ollas pendientes de la pared, está segura de que esa alegría le durará para siempre, y calmará cualquier tempestad o cualquier hambre venidera.

     Pasan los días y los atardeceres fríos vienen con cortaduras de hielo, estos van doliéndole cada vez más en las rodillas, hundiendo sus estillas hasta los huesos, "como trizas aventadas al río" dice. "Aquí, por la noche las estrellas son tan cercanas que se figuran salir de nuestros ojos a reflejarse en la profundidad del azul; sólo por eso se sabe que ya  pronto vendrá la primavera", dice mi abuela.

     Y después,  también pronto las peras y los manzanos tiran  la flor, el fruto madura con el sol, y la abuela sigue olvidando comer los caramelos de los nietos. "Siempre fue olvidadiza, meditabunda. Ni a palos aprenderá la mula" decía mi abuelo,  que desatinaba ante la lentitud de Leonor.

     Traigo los hongos que salí a juntar en la mañana, digo. Soy Lucía y...  Ella habla como si no hubiera escuchado lo que digo.

     "Ha hervido ya la leche y Cristóbal sigue todavía en el huerto, escarbando vida, aguamiel del corazón del maguey y de las piedras, una vida que no alcanza para nada, una que nos dejará sin fuerzas, y una aguamiel amarga. Con ese hombre no se sabe cuando estar lista o no estar".

      De pronto, como un humo sofocado nos llega el silencio, ese ruido que no dice nada pero fermenta  lagrimas, Leonor baja la vista humedecida, y suspira quedito.

     "¿Qué es el pasto Lucía?" Es la luz que penetra las gotas del rocío... "Que son las nubes?"  la sombra de una luz nocturna que despereza las azoteas,  prolonga su estallido en la costilla de los tejados, son los gatos, el mirto.

       Lucía es un nombre omnipresente. Todos somos Lucía para mi abuela que ya poco recuerda de nombres y de porvenir. Es un nombre, es todos los nombres donde ella encuentra lo que busca a sus noventa años, pero solamente lo pronuncia si algo la entristece de veras, sonríe y hace preguntas como; "qué es esto o aquello", y ella misma las contesta en la prolongación de una queja.

     A mi  me gusta visitar a mi abuela cuando regreso a este lugar, y también me gusta pensar que nunca me he ido, que ella sigue viviendo en la casa de adobe, que soy Lucía y lo sé todo a cerca del hollín y el gordolobo, la cortinilla del olvido y las pesquisas de mi abuela, pero sobre todo, me gusta escuchar cuando mi abuela habla de la vida como algo que yo todavía no conozco.



Beatriz Osornio Morales

26 comentarios:

Kriza ♥ dijo...

Un hermoso relato en honor a un ser querido :) Los abuelos siempre son tan lindos con nosotros su nietos los abuelos apesar de que mueren siempre siguen vivos en nuestros corazones.
Saludos n_n

Zavala dijo...

Qué joya has escrito Beatriz. Es emocionante y precioso.

Un abrazo.

Ester dijo...

Beatriz que bien lo he pasado viendo a tu abuela en la mía, que cambio las tranzas por un moñete, pero con el mismo delantal y las manos fuertes y recias. Que bonito disfrutar de las abuelas, de su sabiduría aun cuando han olvidado que la tienen. Precioso. Un abrazo

Luis de Burg dijo...

impresionante historia, bien narrada con palabras que a uno lo hacen viajar en tiempo y espacio para entrar a tus recuerdos, me he sentido allí parado junto al fogón, escuchándola definir con sus propias palabras el mundo, es tan hermoso como triste, la vejez nos aguarda a todos, y siempre existirá un nieto que nos recuerde, hay personas que nacieron con ese don de ser hermosamente diferentes, y esa belleza hace que uno los recuerde para siempre, mi abuelo polo vivía en el campo y tengo muchas recuerdos bonitos de él y sus gallos, como de mi madre que lucha por que yo le de un nieto para que este la pueda recordar cuando ella muera, es la única forma de seguir con vida en este planeta luego de que tu cuerpo simplemente haya caducado, entre los recuerdos de los más jóvenes...... estoy encantado de haber venido hasta aquí para leerte, emocionado hasta los huesos, casi a punto de llorar, gracias por escribirlo, besos!!!!!

Miguel Bueno Jimenez dijo...

Seguro que se alegra y esconde en la olla tus letras para ir saboreandolas una a una.

Abrazos
Piedra

maria del carmen nazer dijo...

Ay Beatriz ... UNA PRECIOSURA. UNA BELLEZA. UNA HERMOSURA. UNA JOYA !!
Me has emocionado ! siempre digo para expresar lo que me gusta más allá de las palabras . ES MI COLLAR DE JADE.
desde el fondo de mi corazón ¡TE FELICITO !! has bordado tu relato con hilos de luna.
" Yo soy lucía, salgo temprano por la puerta del sueño y del verano..."
BELLÏSIMO !
Besos de luz.
¡FELIZ FIN DE SEMANA !!

Rafael dijo...

Bonita escena rural que nos dejas en tus letras.
Un abrazo.

Natalia H. Fontijn dijo...

Oh Beatriz, sublime!
Viví entrañablemente tu relato.
Y el titulo, Leonor, honor que comparto con este bello homenaje a tu abuela(mi nombre de pila)
Chapeau!
Un abrazo

Carlos Augusto Pereyra Martínez dijo...

Mejor homenaje no podrías haberle hecho a tu abuela. Poético, y ajeno al melodramatismo, este texto, que dice tanto del amor por tu abuela. UN beso. Carlos

taty dijo...

La verdad es que hay muy poco que agregar a un texto tan lírico y que es además un hermoso homenaje.

Tu memoria, estoy segura, resuena en la de todos los que te leemos.

Yo hoy sí que me he visto en el espejo de Lucía :)

Linda Beatriz, un beso!!!

Fina Tizón dijo...

Me ha gustado mucho leer este relato, Beatriz; para mí es un hermoso y merecido homenaje a todas las abuelas del mundo. Yo las perdí siendo muy niña, pero en mis primeros años tuve una gran convivencia coan ambas. Pienso que el contacto de nietos y abuelos es muy importante. Así que gracias por este regalo de hoy

Un abrazo y que pases un feliz fin de semana, Beatriz

Fina

Juan L. Trujillo dijo...

Precioso homenaje, con una historia mágicamente contada, que nos lleva en volandas a un paisaje y unas vivencias, que a casi todos, les son conocidas.
Yo no tuve tu suerte: no pude conocer a ninguno de mis abuelos y noto que me falta el regalo caliente de su sabiduría.
Un abrazo.

Gizela dijo...

PRECIOSO!!!
En relato muy bello, muy penetrado por la ternura, por recuerdos tesoros

Besossss Beatriz y lindo domingo

Julie Sopetrán dijo...

Y cuánto nos enseñaron esas mujeres sabias! Me has hecho recordar a mi abuela... tan parecida a la tuya en el ambiente rural, con esa sabiduría de la tierra que es lo auténtico, lo que vamos perdiendo. Te felicito por tan hermoso texto. Un beso.

Juan Pardo dijo...

Me has cautivado con tu genial relato.En tus palabras encierras la esencia de la vida,el porqué de lo realmente importante.Me has hecho recordar a mi abuela paterna , una mujer desgarrada por la posguerra que en sus últimos años amalgamaba presente y pasado en un críptico y poético lenguaje que me encantaba descifrar.Un cálido abrazo.

Lunna dijo...

Una bonita y tierna historia, que sirve para recordar todos los sentimientos que te unen a ella y a nosotros para descubrirla.

Me ha emocionado y me ha traído recuerdos también. Gracias.

Besos.

Lunna.

Elda dijo...

Un relato precioso y tierno para el recuerdo de un ser tan querido.
Triste la vejez me parece aunque se tenga el amor alrededor, será porque voy en picado hacia ella.
Gracias Beatriz por tu paso. Me resultan esos ojos muy conocidos, no sé si serás la Beatriz que yo creo.
Me ha encantado pasarme por esta prosa tan bonita.
Un beso.

Betty Mtz Compeán dijo...

Hermoso relato Beatriz!
Me llevo a través del tiempo a la casa de la abuela, cuanto disfrute de su compañia!
Gracias mil por traerme tan lindos recuerdos al leerte.
Abrazos.

Amando García Nuño dijo...

Como homenaje a esa abuela, a todas las abuelas, yo también me llamaré Lucía.
Abrazos, siempre

Narci M. Ventanas dijo...

Entrañable lírico, descriptivo, de una dulzura que envuelve y acaricia.
Me ha encantado tu texto , tu homenaje a esa abuela, que es casi como imagino a las mías, a quienes nunca conocí.

Besos

Belén Rodríguez dijo...

Símplemente delicioso.
Me ha llegado muy hondo.
Besos.

Rendan Laveriz dijo...

Bonito relato. Lucia no es un mal nombre para todos y para nadie. Todos tenemos muy buenos recuerdos de nuestros abuelos y gracias a ti de una forma u otra los hemos vuelto a recordar. Un abrazo compañera.

cuantocuento,castelo dijo...

Y puede que aún no conozcamos la vida, Beatriz; puede que jamás la lleguemos a conocer. Excelente tú relato, lleno de matices (poetico, reflexivo, intimo, vital) y en el que consigues acercarnos a tu abuela de una manera muy especial, casi mistica. Saludos, me encantó. :)

FJavier dijo...

Hermoso, emotivo, bello. Toca el corazón.

Mi enhorabuena.

Abrazos.

Humberto Dib dijo...

Conmovedor, Beatriz, felicitaciones.
Un fuerte abrazo.
HD

Elsa Tenca-Mariani- dijo...

ME HE EMOCIONADO CON EL RELATO QUE DESTILA SABIDURÍA Y TERNURA.

-SIEMPRE LOS ABUELOS HAN SIDO NUESTROS SABIOS SUSTENTOS...
UN ABRAZO.

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