miércoles, 17 de abril de 2013

Cuestión de correspondencias





El Escriba dice:
Hay días que solo pienso en el amor. Escribo largas cartas enamoradas, palabras dulces y dolorosas pero… ¿De qué se ocupan las palabras de amor sin destinatario?
De pronto, el que escribe cartas de amor se encuentra asombrado ante una inminente verdad; No hay destinatarios. Al poner el remitente en todos los sobres, se da cuenta que necesita una gran cantidad de estampillas para todas las cartas que ha escrito, en otros casos, no encuentra las direcciones de los posibles  destinatarios. Ante tan desafortunadas circunstancias,  rompe las cartas y decide empezar otra vez de cero. El escriba es un hombre solo que se sienta bajo un cerezo con la cabeza entre las manos, repitiendo frases, reacomodando palabras en las frases, prueba distintos timbres de voz. Su mirada serena y su expresión intensa en el rostro,  apenas si se perturban ante la pluma que cae tras el vuelo de un pájaro.


La escriba dice que: para escribir cartas de amor es mejor sentirse extravagante, ponerse unas medias azules a rayas en invierno, con una minifalda o un pantalón corto, cortísimo, y  lentes fotogray. En verano prefiere ponerse medias a la mitad de las piernas, como las de las mujeres que pintaba Egon Schiele , seguro escribían lindas cartas, en su defecto usa un liguero negro. El pelo le gusta despeinado, de aspecto libre, a veces usa maquillaje sobre todo en los ojos y en los labios.

Para escribir, sigue su filosofía de que entre escribir y hacer el amor con la boca (es decir, con palabras) no hay gran diferencia: La pluma entre los dedos, los labios de los dedos sintiendo el movimiento de la lengua, descifrando lívidas palabras, entre uno y otro dedo, está la forma de la mano que alcanza a tocar a distancia, a pasar los dedos húmedos por una espalda y un costado, 
y no para hasta completar la escritura del cuerpo invisible,  la mano de las palabras acaricia un corazón asombrado.



Beatriz Osornio Morales :imagen de la red

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