sábado, 2 de enero de 2016

El Caso. Segunda parte

           

Evidentemente, ahora se trataba de un crímen serial y el criminal estaba suelto, además de grave, era urgente resoverse antes de que fuera más lejos. Al equipo de Luis Rubio, le asignaron cinco integrantes más, y los respectivos departamentos de criminología forence que debían tomar prioridad en el caso.

Luis presionó con más ahinco a los peritos para que se comparara la caligrafía de las notas escritas impecablemente, sin faltas de ortografía y en una letra consistente, casi como de máquina, pero era evidente que habían sido escritas a mano con tinta azul, por la misma mano diligente de los crímenes. “La verdad solo se encuentra al final del camino” lee una de las dos notas. La otra nota lee “No existe ninguna disciplina que en el presente sea causa de gozo sino de tristezaa, pero después da fruto apacible a los que en ella somos ejercitados” los peritos determinaron que las notas pertenecen al mismo autor. Aunque en la segunda se cita al Apostol San Pablo: Heb.12;11.


Mucho más tarde, determinarón la identidad del criminal. Pero nada se sabía aun de su paradero. El autor de las notas, había trabajado previamente durante una década en unos laboratorios de ingeniería química, donde ejercía el papel de analísta de pruebas. Por su naturaleza callada, nunca se relacionaba demasiado con sus colegas, nada más allá de asuntos de trabajo. Ninguno en la empresa sabía datos de su vida privada o si tendría familiares y amigos. Hace dos años, la empresa paso por un periodo de pruebas económicas y se vio en la necesidad de llevar a cabo varios recortes de personal. Reynaldo Acuña,, hombre de prominente estatura, complexión delgada y pálida, aparenta andar cerca de los cuarenta años de edad, estaba entre las lista de los despedidos. Fue toda la información que se pudo obtener de la empresa, junto con la dirección que dio cando lo contrataron hace ya más de una decada. Cuando los detectives visitaron la dirección dada, fue hecho de su conocimiento que Reynaldo Acuña había dejado de residir allí hacía por lo menos ocho años. 

 (continuará)
NOTA: He destacado la parte anterior a esta en el lado derecho, donde esta el gadget de entrada destacada, y es con el único fin de que aquellos que quieran ponerse en contexto con el seguimiento del relato puedan hacerlo con sencillez. Así cada vez que publique otra parte, destacaré la anterior. Gracias por su comprensión.

Beatriz Osornio Morales, imagen de la red.

6 comentarios:

Buscador dijo...

Se me ocurre una continuación pero, no sé si te gustará...Do todas formas siempre es agradable leerte. Tienes una profundidad que me invita a profanarla con muchisimo gusto y a conciencia....ya sabes jejejejeje
Feliz año y suerte en la vida.

Nos vemos por aqui.
Besos.

jfbmurcia dijo...

Eso va bastante bien, habrá que seguir este serial...Saludos.

**kadannek** dijo...

Me faltó la primera parte, disculpa mis ausencias tan largas, pero ya me estoy actualizando. Suena interesante y debo admitir que no me esperaba algo así por aquí, te conocí con otros géneros, temas y estilo, pero siempre es genial apreciar que un escritor pruebe cosas nuevas y amplíe sus horizontes.

BEATRIZ dijo...

Buscador, siempre es grato descubrir las múltiples posibilidades de una historia.

Bien, Kadannek, checa la entrada destacada en la parte superior del lado derecho.

Saludos y gracias por sus comentarios.

Conchi dijo...

¡¡Ay que intriga!! Estoy deseando que publiques la tercera parte Beatriz.

Un abrazo.

Carlos Augusto Pereyra Martínez dijo...

Bueno, han avanzado los investigadores, con el cotejo de las notas, para dar con la identidad del criminal, que sí será, o acaso un despiste, como en las historias policíaca de Agatha cristhie?UN abrazo grande. Carlos

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