sábado, 9 de abril de 2016

HORAL



           Es interesante anotar como ha intentado el poeta deshacerse del sentido cotidiano del tiempo, y darle otra unidad a las horas, por medio de pulsaciones, de la mano un tanto frágil vulnerable pero tenaz sobre las teclas, es que el tiempo recobra un sentido más exacto.

          A través de una secuencia, marcada solamente por la secuencia misma del pensamiento, el poeta, en sus intentos por dar origen a una palabra nueva, fresca de significado, convierte la secuencia ordinaria del reloj, en algo sustancial, posible contra la vacuidad de horas erráticas y fugitivas. Entre hora y hora, entre saltos de hora y la continuidad chata de los días,  el poeta conjuga las partículas flotantes del tiempo y les da forma. Ha querido forjar por medio de su esfuerzo, la palabra, pero no cualquier palabra, sino la palabra que en su principio de tiempo, contenga un origen.

          En su horal no solo de búsqueda perosonal,  de golpe preciso, en su intento por establecer un tiempo más verdadero en su realidad, el poeta forja el poema contra el tiempo, el poeta se forja a sí mismo fuera del tiempo.

          Un poeta escultor de horas, y secuencias, comparará el rodillo de su máquina de escribir con el cuerpo de una mujer, sus dedos con cinceles, la hoja con una piedra para pulir, su religión es la poesía, o en su defecto, una puta que lo redime de sus silencios.

          Un buen poeta de horas abandonará su casa para irse en aventón sin equipaje, sin destino fijo. Este poeta construye horas, el tiempo el mundo en la palabra, y ante la imposibilidad de cambiar un sistema de tiempo arbitrario, acaba apostando sus ilusiones en una sesión de tragos. una partida de cartas, o en un juego de futbol, para volver con las manos vacías a continuar el acto creativo.


Texto: Beatriz Osornio Morales. Imagen de la red.

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