sábado, 18 de junio de 2016

Aire Literario



          En literatura no me interesa solamente contar algo, me interesa crear texturas distintas con las palabras. Si es en narrativa, un texto debe contener la historia y sus historias atmosféricas, alternándose, unas dentro de otras, lo material y lo inmaterial en el aire que se respira al leer.

          En poesía, especialmente las texturas con las que representar las emociones y los pensamientos son vitales, tan importantes como complejo es su desarrollo, el cual rádica en encontrar la flexibilidad justa en las palabras, con esto me refiero a su flexibilidad interpretativa, tanto en su fonética, articulativa y ajustable como en su sentido cognitivo;  un verso puede sugerir  una o más de una interpretación.


          Contar historias sería simple si el único fin fuera contar la historia. Contar una historia consiste en narrar una serie de hechos (reales o inventados) que se aíslan del resto de la realidad. El estilo es particular o impersonal, dependiendo del gusto descriptivo del escritor. La trama escogida proporcionará a la historia su fuerza y movilidad, por tanto hay una parte de planteamiento (identificación del problema o conflicto) que contará con un climax, y el final que puede terminar en la resolución del problema, o en un paisaje abierto, sugerente,  por decir algo. Pero eso es solo el armazón, la receta; las texturas son el verdadero contenido que experimenta un lector a la hora de su lectura, y en parte lo que hará que recuerde un texto por su aire o atmósfera.


Beatriz Osornio Morales, imagen de la red.

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