sábado, 3 de septiembre de 2016

CUARENTA Y DOS VERANOS




Cabe todo en el verano.
Tú a mil millas en tu vida, centro de tu centro,
en plenitud de día y de noche
y lo que se topa contigo.

Cabe la mujer meridional a quien se le fue
una hija a la universidad.
Cabe la desmedida humedad de Hampton,
sus pesadas frondas y el invierno de sur.

A veces pienso que hay dos veranos
como hay dos de todo, lo que sé y lo que no sé;
el verano del sur es el invierno del norte.

El tiempo debe ser redondo, o chato,
en una de sus caras caben tres meses.
De este lado estoy yo
con mi centro universal; las mil y una noches
galaxias por hacer,
corriendome en la sangre.

Caben los migrantes en su nueva latitud,
los turistas, los nativos, las verdes montañas,
el azul que llamamos cielo,
el desierto en su locura de polvo,
Joaquín Sabina, twenty one pilots,
mis raíces lejanas en su cosmos.

Cabe un maestro en lucha, un obrero,
los jilotes de cabello largo,
la juventud que en su vuelo da cuerda
al por venir,
los años maduros que apenas cumplo.

En este verano caben cuarenta y dos veranos.

Este viaje a New York que hoy me parece todo,
desde donde tu estas, es solo un pellizco
una borona de vida. Nada comparado
con la inmensidad de tus días, tus cosas.
Las ideas, resultado de tus pensamientos
tienen un contorno en relieve,
tan claro, tan real, que el resto, incluyendo me
a mi, es la otredad,
aunque parezca mentira, lo otro también
cabe en el verano.


Beatriz Osornio Morales

Les cuento que hace unas semanas fue mi cumple y a manera de celebración he escrito esto. 


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