jueves, 28 de julio de 2011


 BAJO EL PARPADO DE UN CAMALEON



Al verlo dormir, Laura siente que todo está normal, como si las imágenes que quedan después de un viaje no estuvieran allí, adentro, invitando a viajar bajo el parpado de un camaleón, que al cerrarse, transporta a un lugar distante. Con los ojos cerrados Elías se encuentra en la estación del tren, asegurándose de estar en la plataforma correcta, rumbo al aeropuerto de Manchester para tomar el avión a una larga, larga travesía sobre el Atlántico. Antes, quizá encuentre algún conocido, eso espera en las estaciones y los aeropuertos,  nadie ha de decirle lo contrario.

Junto a él Laura ha sincronizado los días de la semana en un solo instante, las noches en una noche. Mañana él estará de vuelta. Así es, aquí está volando por dentro, seguro, cansado, cansado pero con el mismo sentimiento de tranquilidad de haber vuelto a casa, el mismo sentimiento que tiene ella al despertarse sobresaltada por el miedo de que Elías este todavía lejos, y darse cuenta que ya está junto a ella, en casa.

¿Es posible ser algo, ser alguien en un lugar y ser nada, nadie en otro, o ser alguien totalmente distinto? En la búsqueda personal de los otros, encontrar el lugar donde poder existir… donde el alma no se esconda de nosotros, es la vida que llama –piensa Elías al cruzar el puente de las plataformas abiertas- Hay veces en la vida que antecede el presente, o decisiones previas, que parece que nuestras propias decisiones se vuelven en contra, que hay un destino predeterminado. Entonces la búsqueda es inútil. -Si el destino existe ha de encontrarnos por su cuenta- Siempre se sigue anhelando la felicidad y la esperanza persiste más allá de la muerte, pero la plenitud escasamente se vive en el presente. La felicidad es un instante.

Por la mañana, Elías se había marchado sin hablar. -En la casa el aire se ha sentido diferente desde entonces. Hasta el timbre del teléfono suena distinto –le pareció a Laura. Para Elías, después de una discusión larga y tortuosa, marcharse sin hablar tal vez haya sido lo mejor.

Los niños, algo extrañados al despedirse, reaccionaron con cierta normalidad durante el resto del día –con excepción de Lucas el más pequeño, que a la hora de la cena insistiera en preguntar por su padre- Laura, después de unas horas de ansiedad, se mantuvo ocupada y el día fue cobrando poco a poco un sentido de orden y estabilidad.

Entre vuelo y vuelo, Elías tuvo tiempo de sobra para pensar las cosas. Después de la espera más larga en Newark, el despegue del avión coincidió con la hora en que los niños se van a la cama. En un impulso casi instintivo marcó el número de teléfono, pero no hubo tiempo de que levantaran del otro lado. La sobre cargo había dado indicaciones de apagar todo aparato electrónico. Más tarde volvió a marcar. Laura levantó de inmediato el teléfono, segura de que sería Elías. Hubo un silencio prolongado. A Elías le sorprende una inesperada dificultad para hablar. Mira el reloj y piensa que ya hace minutos que esta volando de regreso sobre el mar, mientras:

-Soy yo, articuló secamente Elías. –Lo imagine- responde Laura tratando de no sonar entusiasmada.

-¿Cómo están los niños?

-Los niños están bien, duermen.

-Por favor no sigas enojada, ha sido un día muy largo. Odio tener que marcharme tras una discusión, con la angustia y la inseguridad.

-¿Angustia de qué? inseguridad la que dejas, al menos el que se va sabe a lo que va.  Los que nos quedamos, nos quedamos a expensas de la incertidumbre.

-Entiendo, yo también siento incertidumbre. Tratemos de olvidar, no tiene sentido seguir discutiendo por tonterías, ¿Cuál fue el motivo para empezar a pelear, recuerdas?

Laura intentó recordar por un momento dónde había iniciado todo pero no pudo. Sintió vergüenza y culpa. Sabe que no puede seguir fingiendo enojo.

-Está bien Elías. Tienes razón, me he portado como una tonta.

-Los dos nos portamos como tontos, para bailar tango se necesitan dos.

Risas.

.-Parece mentira que haya pasado todo lo que ocurrió en un solo día- murmura Laura acariciando la frente de Elías. El continua dormido viajando.


Beatriz Osornio Morales, imagen de la red.


NOTA:
Estimados lectores, me encuentro viajando por mi México, disfrutando de unas semanas con familia y amigos, y las bellezas de una tierra alegre y soleada, amo la gente de mi país, ni se diga la comida. Agradezco su paso por mis huellas. Saludos.

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