Parte 2
“Cuando vea los ojos/que tengo en los míos tatuados”
–Alejandra Pizzarnik
Leyendo la crónica de Bernal Días del Castillo sobre la Conquista de la Nueva España, me surgieron preguntas y voy a ser directa: ¿Qué mueve a unos seres humanos a desplazarse en busca de nuevos territorios? ¿No había suficiente territorio en la península Ibérica de entonces? ¿Fue el rey Carlos o la monarquía en turno, quien decretó a cualquier don nadie en una aventura por lugares remotos y desconocidos? o ¿fue al revés, las condiciones que permitirían a esos desarraigados a embarcarse por mares sin nombre, era que debían ir en nombre del rey, y con la fe de que todo lo que hicieran y deshicieran en lejanas tierras, sería en nombre de un Dios y un Rey todopoderoso? Al comienzo de su crónica, Bernal Díaz niega que el rey haya ordenado dicha expedición, lo que encuentro difícil de creer: “Esta expedición ha sido ejecutada por nuestros propios esfuerzos y sin el conocimiento de su majestad” Creo adivinar los fines, y no creo que haya sido por aburrimiento o por buena voluntad. El imperialismo funciona por y para la expansión, pero expandir qué; el poder y la posesión de territorio, así como el control y la posesión de vasallos y las riquezas que éstos poseyeran y generarán en adelante. Curiosamente al rey se le tenía que dar un quinto del botín recolectado.
Bernal Díaz del Castillo describe a Cortés con gran admiración como una persona de cierta integridad, con una visión y fe clara e inquebrantable, quien a su vez mostraba admiración por Moctezuma, el Rey azteca quien los hubiese recibido en los palacios de Tenochtitlan, y sobre quien cayera la primera desgracia. En ciertas partes de la crónica, yo no me fiaba ni de uno ni del otro. A Moctezuma se le hablaba de tal o cual forma para someterlo porque creía en la negociación, y Cortés era un buen manipulador de la palabra. A Cortés se le domaba con riquezas, oro principalmente, lo que contrastaba con su fe profunda, además tenía claro que debía adherir La Nueva España al reinado de su señoría el Rey Carlos y su alteza, Dios, y la virgen María. Eso era lo que proclamaba en cada lugar a donde llegaba. Cuando se trataba del control del oro recibido o arrebatado de los nativos, se transformaba en un Cortéz menos íntegro. Por otra parte, una vez que los nativos se sometían, Cortéz los defendía verbalmente de los abusos de soldados, así como del imperio Mexica que aún había que derrocar, quizá era verdad, o quizá lo que predicaba era para no sentir culpa de las matanzas y los despojos en que dejaba cada lugar que se rehusaba a entregar voluntariamente su existencia, pues demandaba que derribaran los altares, que cesaran los sacrificios, que se hicieran bautizar, que impusieran una cruz y un altar a la virgen en lugar de los altares, que los comuneros de dichas ciudades, (estamos hablando de culturas y metrópolis, no de pequeñas aldeas en medio de la nada) le entregaran tributo, respeto, y obediencia total, tanto a él que era capitán, como a su alteza el Rey Carlos, Dios y la Virgen.
La ambición creaba división entre los españoles y Cortés. Cada vez que se hacía repartición del botín ganado aparecían rencillas y discordia: “Nuevos problemas surgieron sobre la herrada y la distribución de esclavos. Algunos hombres otra vez trataron de quedarse con las mujeres más bonitas, y había dificultad para apartar el quinto del rey de entre los soldados, quienes estaban profundamente endeudados.”
De hecho Cortés le dijo a Cuauhtémoc, rey Mexica en el segundo intento de la conquista de la ciudad, una vez forzado a rendirse después de más de 90 días de batallas y de haber quedado aislado sin agua y sin alimentos donde una cantidad incalculable de guerreros y ciudadanos aztecas perecieron, que él, Cuauhtémoc seguiría gobernando sobre los mexicas. Pero no contamos con el hambre y la ambición de riquezas de Cortés y su compañía. Cuando reunieron todo el botín y vieron que no era tanto como pensaban, empezaron a reclamarle a Cortés, decidieron poner la culpa en Cuauhtémoc, torturándolo para sacarle el oro de sabe Dios dónde. —”Había un reporte de que Cuauhtémoc había tirado todo el resto en el lago cuatro días antes de ser capturado, y que los tlaxcaltecas y la gente de Huejotzingo, Cholula, y el resto de nuestros aliados que habían sido parte de la guerra, también los mismo “teules”, es decir, los nuestros que andaban en las lanchas, se habían robado una parte. Los oficiales de la tesorería real, proclamaron públicamente que entonces Cuauhtémoc había escondido el tesoro, y Cortés se había deleitado porque así no tendría que devolverlo, sino que podría quedarselo todo para él”
En este libro aprendí que por el contrario, si las personas se rehusaban al sometimiento voluntario y eran capturadas por los españoles, eran esclavizadas y marcadas con el sello monárquico en la cara, o el de aquel español que le hubiese tocado en la repartición, pues se repartían entre ellos no solo las riquezas, sino los esclavos, y la esclavización se logró documentar como acto legalmente oficial. Perdónenme pero yo encuentro eso inaceptable, es cierto que la esclavitud ya existía, pero la marca, la etiqueta, es lo que más me ha dolido hoy, la transgresión más irrefutable y vergonzosa que un ser humano puede sufrir o infringir a otro. Incluso en los sacrificios ceremoniales que son repulsivos ahora, por lo menos los sacrificados no vivían como los esclavos con la marca de la vergüenza en la cara (les marcaban/herraban la cara) y la humillación como bandera en la piel por el resto de sus vidas.
También entendí que en realidad, Cortés fue la válvula de escape de un imperio que creció y creó enemistad entre los demás imperios, pequeños y grandes, quienes eran tributarios de los Aztecas, vieron la llegada de los españoles como una oportunidad para quitarse de encima la expansión del imperio azteca, al fin y al cabo era solo otra conquista, y mejor que fuera voluntaria, entre ellos los Tlaxcaltecas y ciudades aledañas, quienes consideraban los tributos al imperio azteca excesivos.
Otro dato curioso que me sorprendió y que yo desconocía, es que a Cortés además de teul, los nativos le llamaban “malinche”porque no iba a ningún lugar sin Malinali, su intérprete, a la que nuestra historia nos ha enseñado a despreciar bajo el símbolo de la traición más alta, como si ella hubiera sido quien entregara todo el territorio de México a los extranjeros. Pero ella, mujer nativa que naciera de una familia acomodada en Veracruz, tras la muerte de su padre, fue vendida por su madre como esclava a unos comuneros del sur, y dada por muerta para la gente de su ciudad que la respetaba como cacica o jefa en ascenso. Cortés fue a dar con ella y otras esclavas a forma de tributo, en su travesía de Cuba a México, en uno de los asentamientos a los que sometió de paso. Me sorprende que mejor Bernal Díaz del Castillo que ni todo el México de hoy, la describa como Doña Marina, con merecido respeto y cierta admiración. Por mi parte, hace tiempo la conocí un poco más de cerca y escribí algo. Aquí se puede leer un poco más sobre Malinali.
https://etcetreadeluz.blogspot.com/2014/07/malinche.html.
No le sorprenda que como dice en algún momento la Odisea, hay experiencias que superan el lenguaje humano, y que la única forma posible de expresar su impacto, es cantando. Entonces comprendo por qué León Valencia canta en torno a la historia universal de México.
Gracias por la lectura y la música, por ser parte de éste verano mío en 2026.
