miércoles, 10 de octubre de 2012


Adversidad


La torpeza es lo que yo llamo adversidad.

Los cálculos no se dan a pesar de la tenacidad con que había planeado poner el azúcar en la taza, sin regar gránulos en la mesa.

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”oh, amor, sabes que no me hago el ánimo de comer sopa de lata”

“querida, basta de quejarnos, compraremos vegetales frescos para la sopa, yo solo quería ahorrarte  trabajo”

“el trabajo es comerse eso que ya no tiene cara de comestible ni de zanahoria y sabe a metal aguado…¿te llevarás el coche?”

“claro, como siempre ¿por? “

“pensaba que si tomas el micro, yo puedo ir a hacer las compras en el carro, y si quieres te recojo a la salida del trabajo”

“hoy no querida, ya estoy retrasado y el micro bus  no sé cada cuánto pasa,  he escuchado que tienen nuevo horario”

“es lo malo de hacerse dependientes del carro, ya no sabes nada de cómo corre la vida allá afuera”

“a ti no te sucederá, me llevo el coche,  no tendrás que irte acostumbrando, ni tienes que  ir por mí”

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No sólo el azúcar, también la palabra puede derramarse fuera de lugar, y salpicar gránulos que atraerán hormigas, palomillas y cucarachas.

Nada de esto sucedería si ya hubiésemos comprado el otro carro… aunque la torpeza puede acarrear muchos tipos de adversidad.


Por ahora tendré que conformarme con la sopa de lata. Hago las compras mañana.



Beatriz Osornio Morales.  imagen de la red



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