domingo, 28 de abril de 2013

La Materia y los Sueños (Miltologías)











La Materia y Los Sueños (mitologías)


Si observásemos consistentemente las sustancias de la materia,  haciendo parada en algunas de sus variaciones, se llega a pensar que posiblemente hay sueños que se desprenden de alguna sustancia material, que a lo largo del tiempo se van convirtiendo  en figuras de sustancias inmateriales para la imaginación humana, mejor dicho, cobran las materias mismas la sustancia del sueño y de la imaginación, como puede ser el caso de ciertos personajes mitológicos, hay infinidad de ellos, pero se me ocurren dos casos particulares:

El Alehp de Borges por ejemplo, aunque  se lo relaciona con un ser pequeño, cercano a la tierra, un punto donde todo el ser sucede y se concentra, es posible que contenga algo de alado en su composición. Para que el fuego de la imaginación se encienda, es necesario un soplo de oxigeno.  Para la imaginación es esencial  la sustancia del fuego, elemento que impulsa e ilumina la vida, transformando  siempre el estado de las formas; vida que no sería posible sin cierto grado de la mucosidad lograda por el agua.  Borges descubrió esa verdad  elemental que transmitió en sus letras.

De tal forma, andando por las calles se van encontrando seres extraordinarios, llamados a la mitología por una imaginación profunda desde algún  sueño, a ello se debe la prolongación de su existencia y  su identificación como algo que tiene que ver con los hombres.

El Pegaso es un ser duro que se ha desprendido de la tierra. De pronto, su fuerza de aire le da alas y rompe la piedra de su ser, convirtiéndose en una continua caída ascendente, sin embargo, y pese a la dureza de su forma compacta, necesita –aunque mínimamente-  la materia del agua que lo mantiene unido; la propulsión de un fuego casi imperceptible en la figura del Pegaso, es la materia que  transforma,  y anima el deseo oculto de la tierra por propagar la unión de su solidez con el aire inalcanzable en el que flota la hermosa figura.

En éste momento en que solo se calcula la hora por estar cruzando la línea del tiempo, sobrevolando la tierra, justo a la mitad del océano, donde el atardecer va quedando atrás, y se sabe que el diferencial entre aquel atardecer y el salto que hemos dado, son seis horas, calculo que nos verá llegar del Oriente una media mañana en Hampton.

Como otra mitología,  hoy describo esta hora, desde la curva donde se comprime el vuelo, y el tiempo queda sobrado por un lado, a donde  iré, y faltante en otro, donde estuve, pero intacto en su totalidad, donde estoy. El lóbulo entre dos líneas flexibles que hacen resistencia en su centro jalado hacia lados opuestos, dicha tensión es la simetría de la hora, perfecta mitología de tiempo.



Beatriz Osornio Morales, imagenes de la red. 




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