jueves, 29 de mayo de 2014

Gustavo



Un día del mes  de julio de un año que ya olvide, conocí a Gustavo. Me encontraba sufriendo por las cosas tiradas a la basura debido a otra crisis de aprehensión.  En seguida me sorprendí  haciendo confesiones a un completo  desconocido, hombre atractivo por cierto; alto y fornido, llenaba perfectamente el pantalón casual que traía, el suéter beige y hasta los zapatos café oscuro que calzaba.

La gente quiere deshacerse de lo usado, tirarlo, reemplazar  todo como si todo tuviese que ser siempre nuevo.

Yo  le dije a Gustavo que  sufro por las prendas que han sido parte de mi piel, como tu recuerdo,  pedazo de trapo rojo, raído si quieres, pero lo atesoro junto con la blusa que llevaba cuando lo conocía a él. Con esa blusa azul marino que deja ver el cuello sin obstáculos y traslucir otras partes del cuerpo,  me subió el color a las mejillas, como cuando tus ojos encontraron a los míos, y se quedaron allí mirando, estudiando cada gesto del alma en mi sonrisa.

Conocí a Gustavo tomando una taza de café caliente, no importa cuándo, solo sé que era en Julio y   era en casa “y en una banca del parque” la tinta escribe; Gustavo, al principio simplemente miraba por el rabillo del ojo de las letras. Más tarde declaró que la trayectoria de las líneas que escribía yo no era derecha. Cuando las letras buscan defensa, la tinta responde que lo mejor está en lo que no está, como si dos gentes que se extrañan se unieran mejor en donde no están juntas, como si la tinta se moviera  atraída por una fuerza de creatividad oculta.

Esto ya lo había vivido, siento como si tus palabras me delinearan,  increpa Gustavo.

Las gotas de lluvia caen en el cristal del sueño. Gustavo hace rato que se quedó dormido con la taza de leche (él no toma café)  a medias, en la mano derecha, allí junto al sillón redondo donde lo escribí por primera vez. Le he puesto un cobertor para cubrirle del frío.  Después recogí la taza, la puse sobre la mesa de la cocina y antes de irme a dormir,  acomodé el frutero en el centro del mantel.



Beatriz Osornio Morales.

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