lunes, 22 de diciembre de 2014

LA PALABRA HERACLITIANA


 

















Estudiando un poco el pensamiento de Heráclito con respecto del Logos, vocablo del griego que en Occidente se utiliza frecuentemente para significar el término “palabra” así como también para el vocablo “razón o medida”, y partiendo de su propia definición retadora “El Logos, (el cual es) como lo describo, prueba incomprensible, ambos, antes de que sea oído y aún después de ser oído. Porque aunque todas las cosas suceden de acuerdo a la palabra, muchos actúan como si no la experimentaran, aun cuando ellos experimenten tales palabras y actúen como lo expliqué,  como cuando yo separo cada cosa de acuerdo a su naturaleza y estado, como es; pero para el resto, la falla está  en no  notar lo que hacen después de despertar, justo como se olvidan de lo que hacen cuando duermen”  este fragmento de su libro es del mismo estilo provocador y en apariencia contradictorio o negativo que ya en su tiempo le valió el apodo de “El Oscuro” por medio de su estilo y apófisis es posible llegar a la realidad de que la fuerza de la palabra es el verdadero destino humano, no solo eso, sino que su efecto nos lleva a travesías insospechadas: “El relámpago dirige todo” El relámpago es luz, fuego del Eterno Fuego. “Este cosmos (la unidad de todo lo que es) no fue hecho por seres mortales o inmortales, sino que siempre fue, es y será fuego eterno; encendiéndose según medida  y apagándose según  medida” dicho esto con referencia al Logos, la palabra universal; Heráclito nos deja en manos y a expensas de la palabra como la verdadera naturaleza humana, y el fuego como la fuente cósmica de todas las cosas del universo. “Por tanto es necesario obedecer lo universal; pero aunque el Logos “la palabra” es universal, la mayoría de la gente vive como si ellos tuvieran un entendimiento privado”

Curiosamente, en la versión religiosa del catolicismo, el libro del Génesis narra como todas las cosas del universo también nacen, son creadas por medio de la palabra “Dios dijo, háganse las aguas, y hubo agua, hágase la luz, y hubo luz” las criaturas del universo y las cosas se hicieron” todas las cosas fueron por la palabra, el destino de la palabra de Dios. Quinientos años después de Heráclito, el Apóstol San Juan hace notar que “En el principio, era la palabra, / y la palabra estaba ante Dios” por esto es evidente la fuerza de la palabra en toda lengua; el ser humano de todos los tiempos, no solamente subsiste  por el poder de la comunicación a base de vocablos, sino que éstos persisten a través  del silencio y después de tempestades históricas. No sería exagerado decir que un ser humano se mide por sus palabras.

Heráclito supo reconocer ese fuego que arde y se apaga sin extinguirse,  ya fuese que haya relación entre su pensamiento y la teoría religiosa, o que se trate de una mera coincidencia, y  sea más bien como lo menciona él mismo en la parte que habla de “Physis” Naturaleza, nombre que se cree fue parte del título que dio a su libro, cuyo título se completa “Sobre Naturaleza” y que en realidad, otros filósofos habían empleado previamente, libro del que sólo se conservan  fragmentos recolectados posteriormente a su muerte, dato común en escritores del periodo Presocrático: “Yo investigué mi naturaleza” “Las alternancias del fuego: primero, como mar, y de mar, mitad tierra y mitad relámpago disperso como mar, y medido en la misma proporción como existió antes que se convirtiera en tierra” De dicha forma alquímica establece su pensamiento de la continua transformación de la materia  del universo y por ende, de nuestros cuerpos como parte material del mismo; lo que también nos situaría en la cosmología actual del Big Bang, La Gran Explosión de donde surgen todas las cosas, y relacionando la naturaleza cíclica de transformación en el universo. Esta relación con sus reservas como lo menciona Richard Geldard en su libro “Recordando a Heráclito”  “Hay, claro,  cierto debate acerca del rol del sol en la formación de la vida. Actualmente, algunos proponen que la vida pudo haber comenzado en fisuras volcánicas en las profundidades del mar, sin el beneficio de la luz solar. Sin embargo, el sol todavía se preserva como la fuerza generadora de todas las cosas vivientes” puesto que otros planetas de nuestra galaxia más distantes al sol no producen vida.

Y siendo que la vida depende de manera tan vital, del sol que es fuego y de la palabra (Logos) razón o proporción que también es fuego que fluye, los hombres somos universos de fuego, un fuego de ese fuego nos transita y a su paso nos transforma. Por medio de ese fuego hablamos, el fuego se transforma en palabra. La palabra Heraclitiana es no solamente río, sino que también es fuego.



Beatriz Osornio Morales, imagen de la red.

Y con este post les dejo mis mejores deseos para la Navidad y el Año nuevo. Que todos sus propósitos se logren en la justa medida.

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