lunes, 13 de febrero de 2012

SIN SEPARAR LOS LABIOS



Entro y salgo de ti,

como de una casa vacía

en medio de la ciudad tumultuosa.



Con la yema de los dedos abro
suspiros,

separo torrentes y despierto

 el fuego más allá de tu sombra,

tu sombra cubierta en humedad,

recorro su volumen

de pierna bien torneada.


 Un árbol me sigue con la mirada

hasta tu  pozo dulce, cálido

 ramifica nuestro brazos

internos.



Unidos, los pájaros

cantan,

el  fruto madura,

hacen nido en los vientres

amorosos, las mariposas.



Entras y cierro la puerta,
con suaves palabras

abro ventanas en

 tu pecho.



Tú arrimas las manos al fuego,

me besas,  y así

frente a frente,

conversamos sin separar

los labios.




                                      Beatriz Osornio Morales, Hampton, VA. Abril 30 2011 Imagen de la red.



Como ven éste poema fue escrito hace meses, y se me hacía tarde para colgarlo en el blog pero decidí esperar el momento especial para ello, parece que le llego su hora.
Espero que disfruten el Día de San Valentin, felices y enamorados. No se olviden de celebrar también a los amigos!!


martes, 7 de febrero de 2012

NADA MÁS



                                                      Nos desvivimos sufriendo pasados,

evadiendo presentes, confrontamos

futuros que no pudieron ser

bajo una mano de justicia,

y nada más….

Nos llegan

Oleajes de noches sobre el Atlántico,

balas perdidas,

amor taciturno,

pesa la piedra de una voz callada

empujada en declive

hacia la cima estera

…y nada más.



La sombra de un gato

aquel abrazo mutilado,

que un día sostuvo sus cuerpos cansados

de estar solos, sin

 nadie con quien hablar,

nuestros deseos sobornados

con paisajes mistrales,

pero los suyos

se dieron a comprobar que había vida,

murieron contemplando la luz.


 
                                                                Ya sólo somos ayeres

placer exaltado entre las piernas

de un cuerpo,

tirado en la carretera de éste poema,

alegría plena, somos… y nada más.






                                                     Beatriz Osornio Morales , Hampton,VA






martes, 31 de enero de 2012

Subirse a las resbaladillas



                                                                                                             A Kristian Javier.


Cuando espero turno para la resbaladilla, sea para subir o para bajar, se me ocurre siempre la misma cosa; un movimiento involuntario, un ligero desvío de la mano, un truco en la cuenta de manzanas, y la niña del vestido naranja lanzaría un grito de felicidad anticipada. Pero hay distracciones que pesan más que cualquier empujón hacia la risa. Esta vez fue la ola de calcetín alrededor del cuello de sus pies pequeños, es diferente, es una idea linda, una ola, o a la mejor sea la misma cosa que el empujón.

 Los padres siempre nos previenen de algo,  el fuego, el agua, el vacío, la caída, el silencio, la lluvia, los otros, como si además de ser pequeños y no poder explicar las cosas a la manera de los grandes, estuviéramos ciegos, inválidos,e insensibles. Mi madre dice que a los niños de ésta ciudad no les gusta que los toquen, es lo que me detiene en adelantar la cuenta,  el desvío de la mano pero... quizá ésta vez  también se equivoque.

 Un empujón repentino apunta a lo inesperado, pierdo el equilibrio en el talón de los pies y caigo de espaldas,  mis piernas se enlazan con las de alguien más,  el cielo se mueve paralelamente en ésta caída y las otras caídas de los niños.

 Desde el descanso del juego nos mira,  la niña, desde su vestido naranja y su cara redonda que también forman parte del cielo de astronautas, su pelo es un astronauta que huele a fresas, a rojo con hojas verdes, es más que un color con puntos agridulces, es la fresa, una jugosidad perfumada que se culmina en el deseo de la boca.

 ¡Qué pensamiento nos rompe la caída! Otros niños no ríen mientras caen, tienen miedo al cielo de astronautas, tienen miedo a la risa, al regalo, al empujón de la risa.

 Yo, me quedo todavía postrado allá abajo después  del declive, me quedo  a seguirme cayendo de la  risa. Es que a los tres años a uno lo atenaza el tiempo, entre el deseo, lo que se quiere y se deja para después  y el momento que ya pasó con una determinación tortuosa. Entonces, alguien grita que hay que darle la vuelta a la resbaladilla para volver a subir.

 Los muñequitos de líneas y bolitas que dibuja mi padre para explicar las relaciones humanas, se invierten como si fueran la misma línea del juego saliendo del lápiz. Corren las piernitas confundidas con las tuberías de la resbaladilla, todas tratan de atisbar primero, antes que los otros, antes que todo.

 De pronto yo también soy  ese dibujo que inventa la niña del vestido naranja, salgo de su mano que vierte rayitas de miel sobre el cereal.



Beatriz Osornio Morales


martes, 24 de enero de 2012

Reconocimiento de hierba









Bello cerrar los ojos y
adentrarse  en una sombra fresca
de árbol
escuchar la conversación de  insectos
que como viejos conocidos
 te tutean
incógnitos en el pasto
adentro
helicópteros sobrevolando
alturas vegetales

entonces
 entiendes la naturaleza
oyes el chirriar insecto
haces memoria de nomenclaturas
nunca aprendidas
respiras
 acuarelas en flor
sabes que
te descifran nuevos códigos
estremecidos
colores abiertos
te reconoce el sonido
 de la hierba.

Beatriz Osornio Morales, imagen de la red 

martes, 17 de enero de 2012

Crónica de las palabras



El tren avanzaba despacio e iba aumentando de velocidad conforme se alejaba por el andén. Simultáneamente, como sucede con el ruido, su materia gaseosa se disipó contra una enorme barrera inaudible.

 A los pasajeros en la plataforma, les alcanza el jalón de viento que se produce al iniciar la marcha, sus cabelleras y  bufandas forman ligeras olas en el océano del espacio,  ellos se sienten obligados a medio cerrar los ojos acuosos  por la fuerza de la rotura en el aire. Cuando el efecto pasa, el tren  se ha disuelto  ya en la distancia.


Esther viene a la estación con regularidad solo  para ver gente reunirse, y termina siempre conmovida por los adioses. Desconocidos que en un tropiezo accidental cruzan palabra, imaginan mientras se alejan que se invitan un café, discurren las cosas de la vida, hablan  del trabajo, la familia y dicen abruptos adioses. Otros llegan retrasados sin tiempo más que para un adiós descuidado y sin emociones exageradas. Los muchos que esperan y finalmente la espera termina al instante de ver bajar del tren a los seres amados. El encuentro  es lo más lindo, la cereza en el helado, pero Esther piensa que de los que se despiden,  algo queda flotando en el aire,  está convencida de que sus voces  se convierten en volúmenes,  pelusas  dentro de algún bolsillo de  gabardina,  o en el bolso de la mujer que al dejar la estación  ya no reconoce las voces que le hablan, ni las caras que ve sonreír y murmurar a lo lejos.  Por eso  sabe que en la estación de tren, más que en ninguna otra parte,  quedan  palabras levitando entre fragancias de mujer y agua de colonia, sentimientos que al correr de los minutos se van mezclando con el olor aceitoso del disel derramado en las vías, el humo y los sudores de la gente, pero siempre tienen algo que contar, y esas historias son su debilidad.


Muchos que dijeron adiós, regresan solo con  nostalgia de despedida, al salir se encuentran con perfumes frescos, lociones recién puestas, caras sonrientes, expectantes atmósferas. Las voces pasadas no se parecen a las nuevas, ni las viejas caras con las nuevas caras. Todo forma una renovada masa de hilos caligráficos bajo la media luna de las taquillas. Por las puertas, se cuela un viento frío  a las salas de espera.


Algo le dice a Sarah que descorteza un durazno en la cocina,  antes de salir para la estación del tren a esperar a Laura, su nieta, que esto ya ha sucedido antes.  Reflexiona y piensa  que en efecto,  esto ya lo ha vivido. ¡Hará frío en la estación! Al salir de casa, toma la gabardina impermeable del gancho junto a la puerta,  se calza el gorro y bufanda verdes.


Al llegar a la estación su mirada se topa con la de una mujer de apariencia  peculiar, bajita de estatura, pelo corto pero estilizado, aparenta una edad media a pesar del cabello caoba bien definido. Sus ojos azules miran a Sarah con un aire de curiosidad insistente, lo que termina por inquietarla, contrariada se apresura a las taquillas para preguntar por el arribo del tren  de Lincoln. Sarah siente inquietud por voltear pero la extraña mujer ha desaparecido.  A su vez, Esther abandona la estación con una sensación de extrañeza.



  Beatriz Osornio Morales.

jueves, 5 de enero de 2012

POEMA DEL ORIGEN

POEMA DEL ORIGEN





Vengo del instante pétreo

 en la palabra,

 del amasijo

 de unos cuerpos

 sin reposo.


En ti me encuentro,

soy un aleteo

una chispa que brota

del golpe de las piedras.


Salto con los pies ligeros

   de la flama

 pero con el dolor de muchas guerras

 en la lengua.


 Me amparo en ti.

 Entre el iris del  fuego

que funde el dolor de los duelos

y las campanas.



     Beatriz Osornio Morales, imagen de la red.

sábado, 31 de diciembre de 2011

Continuidad

Ayer pensaba en el asunto del tiempo y sus supuestas divisiones, esto con respecto a la transición de un año a otro.

Hoy se termina el año 2011 y practicamente esta sería la última vez que posteo en este año. He brindado con lo que sería el último tarro de leche caliente, comido la última cena, he dado el último beso, y así, hasta el último parpadeo.

A decir verdad, estoy parada aquí, justo tras la línea que ha de cruzarse para iniciar otro año, y puedo decir que no hay frontera que cruzar, ni cuerda que saltar, ni puerta que penetrar. El tiempo es continuidad absoluta, líneal, ni siquiera cuenta con topes para disminuir la velocidad. Los hombres le hemos inventado ciclos, que según nuestra historia, avanzan y van sucediendo de manera cronológica. Pero, esto es más bien, un parámetro de nuestro propio ciclo, nosotros somos las líneas divisorias del tiempo.

Sin los hombres todo es igual, es lo que es, sin alteraciones.
La existencia del hombre no altera la secuencia ni la continuidad del tiempo, simplemente la define.




Beatriz Osornio Morales.


Bajo este aire de definición, les deseo lo mejor para este 2012

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