domingo, 25 de enero de 2026

La mudanza

Para algunos llega el día con augurios, o así lo parece, augurios distintos a los de la mayoría. La fecha es inexacta y la forma en que se revela también.

En su caso, Robert supo que si viaja al norte de Inglaterra con su hijo y su mujer, la gente los va a mirar con desconfianza, y perdidos por las calles de su propia patria, desesperado por encontrar un lugar seguro, la dirección de donde tendrá una entrevista para lo de un trabajo, sin el cual no hay forma de proveer el sustento básico para él y su familia.

Luego de caminar por lo que parecen colonias marginadas, donde seguramente viven puros desposeídos, muertos de hambre, siente la urgencia de escapar, encontrar la dirección y escapar.

Pregunta por la dirección a unas señoras que conversan afuera de una casa de tabique rojo, enmohecido. Al enfrentarlo, el rostro de las mujeres se transforma en la cara rapaz y amenazante de los pandilleros, la de cuando otra pandilla interfiere en su territorio.

Asustado el hijo pregunta –¿por qué nos trajiste aquí, papá?

–Yo no sabía que…yo no sabía, responde.

Su mujer lo mira angustiada pero no dice nada.

Continúan buscando la dirección, sin saber a quién preguntarle. Pasan horas dando vueltas, al parecer, caminando en círculos, la hostilidad y el extravío son los mismos de su llegada.

La hora de la entrevista se acerca y, él todavía no sabe cómo llegar; ni siquiera ha resuelto el asunto del banco. Los ahorros de años que depositó directamente en Inglaterra para  evitar justamente esto. Ahora resulta que necesitan más datos, verificación de identidad, sobre todo ahora que ya no tiene una residencia en este país. El único pariente que tenía cerca de Lincoln murió hace tres años, o como si hubiera muerto, salieron mal. –El dinero está seguro, le dicen en el banco. Pero está más bien secuestrado hasta que haga los trámites.

¿De qué sirve que  esté seguro si no tiene acceso al dinero?

De pronto ven una casa de té. Puede que allí le sepan decir cómo llegar al lugar de la entrevista, el tiempo apremia.

Al entrar al local se da cuenta que su mujer falta. Pero no hay mucho tiempo que perder. ¿Qúe pudo haberle pasado? al escuchar su propia voz preguntando eso, siente que llegar al lugar ya no importa tanto. Lo que importa es encontrar a Rosario.

–Pero, ¿por qué nos trajiste acá?- reclama el muchacho en tono irritado.--Esto es una pesadilla.

–Yo no sabía…si hubiera sabido…se detiene en seco, repitiendo algo inaudible. “una pesadilla” repite una voz arrancada con fuerza del pensamiento, apachurrado por el puño cerrado de un ruido lejano, una sirena de emergencia, –algo serio debe estar pasando. Entonces reconoce el sonido, es la alarma del despertador. Le toma unos segundos para reconocer su ubicación. Está en su casa –Gracias al cielo- es lunes, es junio y es hora de levantarse para el trabajo. Jamás en su vida se imaginó sentirse afortunado de vivir su vida así, precisamente aquí, con su rutina semanal, le ayuda a calmar la incertidumbre que le causan los cambios.

Por la tarde.

–Mira, papá, encontré algo que me gustaría llevar cuando nos mudemos a Inglaterra. El chico expone el objeto que traía escondido con las manos atrás. Se trata de un antiguo compás, que su mismo padre le había heredado antes de morir, y que algún día desapareció de su alcance por muchos años.



Beatriz Osornio Morales, imagen de la red.

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