viernes, 3 de julio de 2015

Estado Oscilante.



        Ese goteo afuera no es de lluvia. Es el goteo de la disolución. La nieve en el techo tarda en derretirse.

        El martes pasado nevó con intensidad considerable, tanto que cerraron las escuelas de los no sé cuantos distritos a la redonda.

         Hoy es sábado y por fin Salí de casa… maneje el carro a la biblioteca; al carro y a las casas les colgaban hielos transparentes de las orillas. Es corta la distancia de aquí a la biblioteca; un par de canciones en el radio sin anuncios, uno o dos milímetros de hielo derretidos y hemos llegado, proveyendo que los semáforos estén en verde y los hielos alargados y delgados. De aquí a la biblioteca hay tres semáforos.  En la biblioteca conseguí películas para ver en casa, es una suerte que te las presten toda una semana y son películas de actualidad.

        Me aburre tratar de contar las cosas que suceden en forma de diario, es como tratar de vivir la misma cosa dos veces y es que la vida no se detiene, por eso de las cosas que componen tus días mejor no hablar.

        En cambio el goteo que por momentos cesa allá afuera, inventa la lluvia aquí adentro. Pero no es la lluvia torrencial como decía, es el después de la lluvia, el olor a tierra mojada, las gotas abrazadas a las hojas, reverdecidas por un lustro de humedad, es la calma que viene tras la tormenta, y un recuerdo sentado junto a mí como único compañero, con el que hablamos largo rato. El recuerdo busca mis ojos solo de vez en cuando, sin que eso implique inconveniente para una armoniosa conversación, sin protocolos y sin conclusiones. Nos alcanzó el anochecer todavía charlando de las cosas comunes y no tan comunes ni corrientes de la vida.




B.O.M.

martes, 16 de junio de 2015

SOLILOQUIO


    
 Cuando hay audiencia el soliloquio cesa.
     Las voces en la oficina se cruzan desorganizadas, ignorando la mitad de  las otras voces (piip, piip, piiiiiip ¿Paso bien el fax?  -Con gusto le comunico –Podría encontrarme el archivo de fulanito? –El pago esta hecho –Con copia para el director por favor –En un momento le atiendo) y chocando a veces con la premura de una respuesta.
     A veces el mono diálogo de la telefonista permanece por sobre todas las voces, gobierna las masas de una audiencia invisible que mueve la rueda institucional a la que pertenece sucinta mente.
     El director hace rato que corre de un lado a otro, solicitado por asuntos embarazosos relacionados con el comportamiento de algunos estudiantes. Ha sido un día de esos en los que un percance desencadena otro.  Los adolescentes son válvulas de escape que contienen material hormonal explosivo.
     Durante la primera hora, Cooper, sí, el mismo Cooper de siempre fue enviado a la dirección por Ms. Call. Lo adivinaste, comportamiento inapropiado. La ventaja de estar en la oficina es que la información se maneja de fase en fase, mientras te enteras de una parte del asunto por un lado,  más información se presenta por otro y oyes el resto tras de las puertas,  el caso está claro. Cooper le manoseó  el trasero a  Reachel, la muchacha de apariencia oriental que me ayudó a encontrar el salón de clases en mis comienzos como substituta en la escuela, tiene una apariencia linda y delicada, piel blanca pero no traslúcida, pelo lacio y largo, naturalmente oscuro,  su personalidad es agradablemente amigable. Mrs. Call se dirigía a su clase, cuando observó lo ocurrido y lo reportó, de no haber sido por ella el hecho hubiese pasado inadvertido. Cuando interrogaron a Reachel su actitud no fue de negación ni de alarma, al contrario dicen que lo tomó con tranquilidad, lo que sacó a Mrs Lovel de sus casillas. –Dices que está bien, pero vamos a revisar el asunto, déjame decirte algo, y que te quede bien clarito –“No está bien aceptar eso”, dijo alzando considerablemente la voz y mirando a la chica fijamente con sus ojos azul celeste. -Es cierto que no es la primera vez que sucede, ni eres tú la única a la que le ha ocurrido, pero eso no quiere decir que esté bien aceptarlo. A tus padres no  les haría gracia enterarse de lo ocurrido.
     El director siendo hombre, normalmente deja las interrogaciones de las chicas en manos de Mrs. Cecere,  pero lleva tres semanas ausente por una cirugía en el cuello, por lo que delegó la tarea a Mrs. Lovel, una maestra de edad media avanzada y con voz suave, pero autoritativa. A Cooper lo recibió el director en su oficina  después de una hora, y por lo que veo, esta vez tampoco fue tan severo con él, un día en detención y en la escuela, nada que a Cooper  le duela demasiado, sobre todo, nada que le cueste al director la amistad con los padres del chico. Se oyen rumores de que son influyentes.
     Más tarde, entra en la oficina un estudiante visiblemente molesto, la cara roja y la mirada severa. Le pregunto si desea ver al director, a lo que responde positivamente meneando la cabeza, y sentándose sin esperar a que yo le indique que puede sentarse. “Nada como eso” pienso mientras marco la extensión. Recuerdo que no le he preguntado el nombre, así que me apresuro a hacerlo antes de que el director levante el receptor.
     Acabo de anunciar a Eric, el chico molesto,  cuando dos estudiantes más entran acompañados por la suplente de la maestra de Culturas Internacionales. Preguntan por Eric, les digo que se encuentra hablando con el director. Los dos estudiantes afirman que vienen a reportar que durante la clase uno de ellos fue empujado fuertemente por él,  tan duro que fue a dar fuera de la silla y contra los mostradores que hay en la parte posterior del salón. El otro estudiante dice ser testigo. Les indico que tomen asiento,  habrá que esperar a que el director termine de hablar con Eric para anunciarlos. La maestra se muestra conmocionada al relatar carrereada mente lo ocurrido,  y se va porque ha sonado ya la campana para la siguiente clase.
     Otra vez el soliloquio.
-Secundaria de Poquoson, buenos días ¿En qué puedo ayudarle? -Permita me, en seguida lo comunico –Caballeros, ¿Podrían bajar la voz por favor? – Lo siento -¿Con quién? –Ah, sí con gusto le comunico –Un momento por favor.  

     El teléfono se ha vuelto loco. Pero la telefonista acostumbrada a ello, mantiene la calma en la oficina, donde sin el teléfono reinaría un silencio sepulcral.


Beatriz Osornio Morales, imagen de la red.

miércoles, 3 de junio de 2015

PENDULO (el poema)




Espasmo

el espacio se abre bajo tus pies

queda en suspenso el tiempo

sopla fuerte  y con su cuerpo

tiende puentes en alto

los sonidos ilegibles

no siempre son de viento

algo te dice que el puente tirado

quiere hablar

oyes que reza del gris

al rojo

 repite las casas bajo su arco

un tic tac gravita

hasta hacerse oír

por la chimenea de las palabras


Palabra

aquí a medias tic

columna endeble allá  tac

tic plano de edificio

en azul tac

por obra de su cuerpo

cruzas el tac puente tic

del silencio al vocablo

del murmullo al grito tic tac

pero has de irte con cuidado

para no perder el escalón

del tiempo y caer tic

a un estanque vacío tac

bajo el espasmo


Sin miedo

a que la puerta  se cierre

antes de tu regreso

antes de llegar siquiera

al final del puente

comprendes que la palabra

construyó  una ciudad

y el silencio otra

vives pendiente de las dos.


Un día seremos eco

del tic tac  de hoy pero

Por ahora basta ser el tiempo

 que un día era nada.




Beatriz Osornio Morales. Imagen de la red.

domingo, 24 de mayo de 2015

Arrebatos de Belleza.



¿Qué tipo de vidrio es ese por donde se observa un verde mar?
Una esfera de nácar alrededor de tu cuello,
flota cual satélite en el espacio áureo de tu piel,
mientras en su redondez florecen mis ojos.


     Lo mejor del día fue descubrir que alguien supo hablar de la luz a través del agua, de cómo el agua cambia de color bajo  el  rubor de la luz vespertina, o el suelo del mar bajo su movimiento. Por lo menos un alma, la de Virginia,  supo descubrir la forma de expresar su esencia y perseguirla hasta su muerte. Sería fácil deducir que su elemento favorito fue el líquido vital.

     Ella era experta en expresar esos arrebatos de belleza (solía llamar arrebatos a los descubrimientos repentinos, en los  que se deleitaba,  sufría o padecía hasta la locura con la misma maestría,  con la que estaba alegre y osaba sentido del humor corrosivo). Sus palabras aun pintan mares musicales  y las palabras sonríen ante su música.

     Y hablando de sonrisas parlantes, ayer yo misma encontré uno de esos arrebatos de belleza, cuando me quede varada  de este lado de la pared de cristal,  observando dos arbolitos vestidos de color de rosa que estaban del otro lado,  coqueteando entre sí,  ignoraban  que desde adentro, eran observados por una mirada curiosa. Por un lado, la pared de la oficina los protegía de muchas miradas, y por el otro  la pared del salón de clases. Las dos paredes y el muro de cristal, sospecho que no son indiferentes a los arbolitos que en ese cuenco se encuentran a salvo del viento, manteniendo así,  sus ramas en flor, intactas. Yo me absorto, sumida en la transparencia, imantada a la imagen de los dos árboles rosaseos contra el cielo perfectamente azul, en contraste, la franja del verde pasto, donde salta a la vista el todo de la primavera que no se sabe observada. Quizá sean momentos como este,  lo que los hombres en nuestra pequeñez llamamos “el todo”

       “En el jardín de St.Eves estaba viendo la cama de flores por la puerta de enfrente: “Eso es el todo” dije al estar mirando una planta con hojas esparcidas. De pronto pareció claro que la flor misma era parte de la tierra, que un anillo contenía lo que era la flor,  y era la verdadera flor, parte tierra y parte flor.”

     Virginia Woolf tuvo la suerte de encontrar el todo en una flor observada contra el suelo, uno imagina tan bien aflojada la tierra que parece estar aireada; la perfecta cama de flores, y la flor desplega  su osadía en el color de sus pétalos. Al leer esa narración en el libro “Momentos del Ser” imagine a la flor osada como una novia que desviste su belleza en la cama.

     El estilo de escritura de Ginia no era pastoril, ni floríl, ni siquiera bucólico,  su literatura era adhesiva, multidimensional. La psicología cósmica  era parte del paisaje, y el paisaje se convertía fácilmente en psicología. Racionalizaba cada sensación por mínima que pareciera, lo que algunos les parecerá chocante. Pero sus ideas escritas, cómodamente se transforman en “sensorial reality”  texturas que se instalan en los objetos personales, en la casa, en la mirada, en la mano escribiente, en el subsuelo imaginánte, o bien el oasis de un pensamiento. Su estilo, tiene la movilidad del agua y perdura en la flexibilidad cromática de una luz que se arruga.


      Al leer a Virginia me doy cuenta de que no soy la única que padece esos arrebatos de belleza, a los que sonrío a través de la transparencia que en este momento tú lees bajo mi pretendida invisibilidad.


Beatriz Osornio Morales.

viernes, 15 de mayo de 2015

NUDO





 Vuelve a quedar
como un feto en la garganta
obstruyendo la pulpa
                 de signos indescifrables

El pasado
como fermento orgásmico
inunda la cama
            y allí
gemidos de ayer
                       se mueven hasta el coito

Germen de preguntas
procrea el nudo
                               en la laringe
y tus labios
                     desesperan la ultratumba

A cada respiro ahondado
y cada centímetro     despacio
nacimos con el tiempo en la garganta
y sigue
el nudo impidiendo la palabra
y en vano esperar
que el embrión desaparezca
para decir
que el tiempo muere
                                        con el hombre

y penetra el tiempo de otra lengua.



Texto: Beatriz Osornio Morales Imagen tomada de la red.

domingo, 26 de abril de 2015

OSCAR WILDE Y UNA MUERTE SIN IMPORTANCIA



“Si nosotros los poetas, que estamos para querer nada, no nos interesamos por los Billy Woods de este mundo  ¿Quién lo hará?”

Quise dar comienzo a este post con la cita de arriba, puesto que en esencia es el alma de la novela “Oscar Wilde y una Muerte sin importancia” del escritor británico Gyles Brandreth. Es el primer libro de una serie. Aunque más que el alma de la novela, lo que proyecta la cita es el alma del poeta.

Me cuesta trabajo creer que me haya topado con este libro, donde Brandreth crea una novela histórica de misterio, basada en hechos reales en las vidas de Oscar Wilde, Arthur Conan Doyle, el creador de Sherlock Holmes, ni más ni menos,  y Robert Sherad, poeta francés y biógrafo de Oscar Wilde , como personajes principales. Oscar Wilde se presenta como el personaje central de la novela. La historia es narrada por Robert Sherard, quien según se sabe fue amigo de Oscar en la vida real, para corroborar este hecho, como prólogo del libro viene un escrito tomado de las memorias inéditas hasta 1939 que escribiera Robert Sherard.

“Oscar Wilde y una Muerte sin Importancia” es realmente un libro imaginativo. Gracias a que a alguien se le ocurrió escribirlo, podemos regodearnos con la fantasía de conocer y estar entre grandes poetas y solemnidades de la literatura anglosajona. Oscar aparece bien personificado creo yo en sus diálogos:

“La tuya es una vida de romance, y el romance vive de la repetición. Cada vez que uno ama, es la única vez que ha amado. En la vida solo se puede tener una gran experiencia, a lo mucho, y el secreto de la vida es reproducir esa experiencia tan frecuentemente como sea posible. Tú tienes el secreto de la vida Robert, te envidio.”

Tratándose de figuras tan reconocidas en el mundo de las letras, la tarea de escribir este libro seguramente tomo además de osadía, un brillante talento para la investigación, pero sobre todo, el conocimiento y admiración de la obra de estos magnates de la literatura.
Quiero dejar aquí la traducción parcial del texto de Robert Sherard, y así afianzar la voz que nos introduce a la gran aventura de este misterio:

“Mi nombre es Robert Sherard y fui amigo de Oscar Wilde. Nos conocimos en París en 1883, cuando él tenía 28 años de edad y ya era famoso, yo tenía 22 años y casi desconocido. “No debes llamarme Wilde” me dijo en nuestro primer encuentro “Si soy tu amigo, Robert, mi nombre para ti es Oscar. Si solo somos extraños, soy Mr. Wilde” No éramos extraños, no éramos amantes, éramos amigos, y después de su muerte, me convertí en su primer –y más fiel- biógrafo. (….) No estuve a su lado en el modesto cuarto del modesto inn donde murió. (….) pero a cientos de millas de distancia donde leí de su muerte solitaria, y oí del supremo abandono de aquellos con quienes él fue siempre bueno, tuve la determinación de contar todas las cosas que yo sabía de él, decirle a la gente lo que realmente era, para que mi historia ayudara al mundo a tener un mejor entendimiento  del hombre de raro corazón y genio.

Estoy escribiendo esto en el verano de 1939. La fecha es Jueves, 31 de Agosto. La guerra se avecina  pero no significa nada para mí, quien gana, quien pierde me tiene sin cuidado. Soy un hombre viejo y enfermo ahora, y tengo algo que contar antes de morir. Quiero completar el record “terminar el retrato” lo mejor que pueda pues, como en un bosque de pinos en el sur de Francia hay grandes fragmentos quemados, también en mi memoria, hay mucho que he olvidado, mucho de eso he tratado de olvidar, pero lo que leerá en estas páginas sé que es verdad.
En los años de nuestra amistad llevé un diario de nuestros  encuentros. Le prometí a Oscar que por 50 años lo mantendría en secreto. He cumplido mi palabra y ahora, el tiempo ha llegado; puedo romper mi silencio, debo hacerlo pues tengo el record, estuve allí. Yo soy el testigo.”

Como dije antes, este texto es solo una suerte de prólogo. La novela realmente da comienzo con el primer capítulo. Chequen esto. La fecha es 31 de agosto de 1889, justo 50 años antes de que Robert escribiera el texto anterior. Pues bien, ese día Oscar Wilde visita una casa en la dirección de Cowley Street, cerca de las Casas del Parlamento (presumiblemente en Londres) En dicha dirección Oscar se encuentra con algo terrible e inesperado, el cadáver de un joven sencillo que él solía conocer. Naturalmente se aleja perturbado. Pero tras sobre ponerse al primer golpe de dicha perturbación, toma la determinación de encontrar al culpable de tan aberrante homicidio, y  conseguir justicia por el joven. Así nuestro Oscar se da a la caza del asesino.

Para saber si logra el propósito, tendrán que leer la novela. Está por demás decir que por mi parte es ampliamente recomendable.



Beatriz Osornio Morales, imagen de la red.


martes, 14 de abril de 2015

LLUVIA DE TIEMPO


          





De entre las horas derramadas del día

rescate un instante para pensar.

Abrí la ventana y salió el sol,

ceso la lluvia;

el sol era tierno,  apenas

un polvo luminoso

cayendo sobre las hojas

que llovieron en el patio anoche,

llovieron  mis ojos.

De entre los días de un mes lluvioso,

rescate uno solo para beber,

y encontrar

y subirme a la nube infinita del tiempo.



B.O.M, imagen de Salvador Dali.