martes, 14 de abril de 2015

LLUVIA DE TIEMPO


          





De entre las horas derramadas del día

rescate un instante para pensar.

Abrí la ventana y salió el sol,

ceso la lluvia;

el sol era tierno,  apenas

un polvo luminoso

cayendo sobre las hojas

que llovieron en el patio anoche,

llovieron  mis ojos.

De entre los días de un mes lluvioso,

rescate uno solo para beber,

y encontrar

y subirme a la nube infinita del tiempo.



B.O.M, imagen de Salvador Dali.

miércoles, 1 de abril de 2015

EL CAOS DE LA INDIFERENCIA


De pronto estaba claro que su relación era un desastre. No importaba que Aura a veces todavía se hiciera la ilusión de que cuando él la trataba con desprecio, no era a ella, debía ser algo mas, alguien más de su pasado, el resto del mundo era lo que le irritaba, y siendo ella tan cercana a él, era la que recibía los malos tratos y las palabras poco amables. Pero esta mañana en que todo parecía estar al revés, el mundo se detuvo en sus pensamientos, y fue en ese instante  que todo quedo claro  “Soy yo, la causa de sus malestares soy yo” Esa brevedad en su larga lista de ocupaciones, fue la que la convenció de que ella era el obstáculo de sus vidas “Pero nunca lo ha dicho, no de manera directa, bueno, sí, pero fue sin querer”
¿Eso cambia las cosas?
No, él siempre dice las cosas sin querer, y después se la pasa emitiendo disculpas. Aura se ha preguntado muchas veces si alguna vez Raúl ha dicho algo que sí haya querido decir. Los colores de la vida diaria en una relación nacen de la palabra, y si la palabra involuntaria engendra muerte y amargura, sin querer se genera el caos. Una persona así es difícil de amar, aunque antes fuese distinto. Los de antes ya solo somos memoria.
En la memoria no queda la metamorfosis del caos, queda lo bueno la mayoría de las veces, por fortuna. El caos es siempre presente, cuando ha pasado es solo un mal rato, un sabor amargo.

Eso que vio claro frente a un Raúl callado a la hora del desayuno, mientras ella le contaba algunos recuerdos de su infancia, en un hospital cuando tenía cuatro años, cuando  conoció su primer amigo del que solo recuerda el nombre y vagos detalles, como el pelo tupido y oscuro, la piel pálida y su figura delicada. Se llamaba Rodrigo, solía prestarle revistas que le traían sus padres en los días de visita “era lindo”.

La indiferencia de Raúl, no le dejo más remedio que la dura realidad (él no tiene más interés en ella) y no se sabe en qué momento pasó, si en el momento en que él engulle a prisa la rosquilla con crema,  se está haciendo tarde para recoger la tierra de jardín, antes de irse a trabajar en la compañía de transportes escolares, a batallar todo el día entre los tonos altos de niños mal educados. No se sabe si fue en las noches en que se quedó dormido sin esperar a que ella volviera de su trabajo, lo cierto es que ya no es lo mismo.

Hace rato que Aura habla de algo, le preguntó su opinión sobre algo, pero Raúl no sabe lo que dijo, hay tanto que hacer, lo que menos quiere Raúl es distraerse en memorias infantiles. Si ella lo entendiera…
Aura se detiene de súbito, como si se hubiera dando cuenta de algo importante.


Cuando Raúl se despide Aura lo ve alejarse y le responde con el mismo tono de indiferencia con el que él la ha venido tratando, el silencio. Mientras se aleja por la banqueta, Raúl imagina que sus pasos le siguen como gritos doblados en forma de triángulos atravesados por los rayos del sol.


Beatriz Osornio Morales. Imagen de Jonathan Silvestre

sábado, 21 de marzo de 2015

Un recuerdo Informal.



Dejémonos de formalidades y hablemos de un recuerdo, el recuerdo de cualquier día que  te venga a la mente en este momento.

Yo recuerdo un día que viajábamos por Florida, de Fort Lauderdale a Key West, el más lejano punto al sur del país, al cual los nativos llaman la milla cero. Ya habíamos pasado por Miami hacía rato, pero no nos detuvimos a turistear en la famosa ciudad, sino que manejamos de largo: Entrando a la delgada franja de tierra que rodea el mar, el cielo seguía claro, por lo que el azul del mar alrededor de aquellas islas de tierra mar adentro, lucía un azul turquesa perfecto, ese que solo se encuentra en el Mar del Caribe. Ese era el paisaje que disfrutamos por largos tramos. A ratos solamente la carretera o el ancho de largos puentes entre islote e islote, entre cayo y  cayo, era lo que nos sostenían, de otra manera, la sensación era la de ir desafiando las posibilidades de la gravedad, manejando sobre el agua en nuestro coche rojo. Todo alrededor era agua y la vista al frente,  la  perfecta imagen del concepto que se tiene  de la perspectiva.

De pronto, de unas delgadas borrascas, que aparecieron de la nada, se empezaron a formar rápidamente nubes pesadas que parecían  monstruos,  me sorprendió tanto ese efecto de la transformación de las nubes que quise escribir el suceso. Busqué en mi bolsa algo para escribir, solo encontré un papel fragmentado y arrugado, en el que escribí algo así: “En los Cayos, cuando ves las nubes, la cabeza de un pájaro se  convierte en medusa” las nubes crecen tan a prisa más grandes que el volumen de los Cayos mismos. Palabras más, palabras menos.

Guarde el papel en la bolsa con descuido. Después de varios días recordé lo ocurrido y quise pasar lo que escribí en mi cuaderno que había dejado en el hotel, el de la torre Eifel, pero no encontré el dichoso papelito por ninguna parte, tampoco recordaba las palabras exactas, solamente el suceso.
Hoy que ya casi olvidaba todo lo ocurrido entonces, encontré el papel entre la pasta dura del cuaderno y las primeras páginas, así que escribo y comparto para no olvidar nuevamente mi primer encuentro con medusa. Era un 20 de Junio de 2014.



B.O.M

domingo, 15 de marzo de 2015

Despiértame




Despiértame cuando todo pase

cuando el peligro de morir se acabe

cuando esta flor que abre

sea para siempre

cuando la semilla del beso germine

y pueble las zonas de conflicto

despiértame

para dormir el sueño de los insomnes


entre sus brazos.


Texto: Beatriz Osornio Morales. Imagen de la red.

viernes, 6 de marzo de 2015

Respirar Sombras




Este absurdo caminar
se viste de sombra
abraza las hojas del otoño
su belleza en el corazón calma
de todas las formas la sombra
es mejor compañera que el olvido
Anda  sola los confines del recuerdo
recorre ese laberinto sin memoria
donde un hombre y una mujer
que podrían ser tu y yo
hablan del mundo hablan de México
donde hay desaparecidos en cada esquina
cuentan que alguna vez nos conocimos
entre flores que eran soldados y soldados
que ya estaban muertos
no creen que los soldados mueren
mueren los pobres me dicen
los niños los estudiantes las mujeres
o desaparecen simultáneamente
y cuando aparecen  están muertas
las orquídeas
no sé porque de repente
siento que hablo con muertos
ellos creen que respiran sombras
por primera vez tu y yo
los que somos de veras
 nos convencemos
de que el pensamiento es mutuo
se respiran sombras.


Beatriz Osornio Morales.




lunes, 23 de febrero de 2015

EL COLOR DE LA TARDE



A las diez y seis horas, hora en la que hombres importantes de negocios con importancia retoman asuntos diligentes, las amas de casa cuelgan la lavandería para sentirse más cerca del cielo, los obreros regresan del trabajo con una esperanza más que pelear en el bolsillo, en esta hora inclinada del día en que las frondas espesas por el verano, difícilmente permiten averiguar cualquier forma definida,  Mauro toma los binoculares, sale a la baranda y se pone a ver por la calle el bosque:

 Las ramas cubiertas de hojas se entrecruzan en una masa de sombra verde, densa a pesar de la claridad de la tarde; el verdor de los árboles y el brillo movedizo del viento en las hojas, no permiten ver los troncos, pero la riqueza junglár de clorofila fabricada por un fuego escondido, no es lo que atrae el interés de Mauro.
El hombre observa minuciosamente,  ya hacia el oriente, ya hacia el polo norte del oriente, girando pausadamente 90 grados al norte y al sur, y regresando al punto donde cree sorprender un movimiento repentino con el rabillo del ojo. Pero todo sigue igual, sumido en la quietud del ritmo etéreo; piensa que lo imaginó, o quizá el rumor saltó audazmente hacia la obliteración antes  que el hombre lo detectara entre los edificios.

Mauro cierra los ojos para descansar del análisis. Empiezan otra vez los ruidos de cristal roto, música y voces aleatorias. Cuando abre los ojos, se da cuenta que sigue pegado al lente de los binoculares, es en ese instante que ve un ave de paraíso revolotear entre las ramas, sin pensar corre a alcanzar su cerbatana y sin demora, lanza el mejor de sus disparos, el pájaro resiste la caída aleteando, pero el viento ésta vez también le falla. El hombre, maravillado por el golpe de suerte, se asegura de que el ave haya caído completamente, luego sale de su habitación de décimo piso. Al salir se impacienta porque la puerta del ascensor  tarda en abrir, golpea el botón repetidas veces hasta que decide mejor bajar por las escaleras. Debe darse prisa antes de las fieras del bosque tropical se apoderen de la presa.

Al salir a la calle hay conmoción. Un grupo de personas se aglomera alrededor de un cuerpo inerte en el pavimento. Mauro no entiende lo que pasa; siente una gota de sudor rodarle por la cara.
El tráfico detenido forma una larga fila y las bocinas de los carros no se hacen esperar. El hombre no soporta el ruido, se confunde, se frota las manos y aunque era su intensión, los curiosos ya son muchos y no permiten acercase más.

Mauro se aleja escurridizo hacia la cafetería de la esquina, ordena un americano fuerte en el mostrador,  se sienta en la mesa inmediata. El corazón late tan a prisa que parece que se le sale del pecho.

La camarera trae la vianda en una mano, en la otra mano la cafetera llena. Pregunta a Mauro mientras sirve el café,  si ha visto el atropello de la adolescente que cruzaba la calle…”Estuvo de terror” “Era casi una niña la pobre” “y el malsano borracho se dio el arrancón sin que se le viera el polvo” “prrrrf”

Al escuchar hablar a la camarera, el hombre siente un estremecimiento en todo el cuerpo,   le sudan las manos sin embargo, no emite una sola palabra, ni una sola mueca. La camarera sintiéndose ignorada regresa a sus labores de maquinista de cafeteras. Entre ruidos de filtros en limpieza, la campana de la entrada que suena cada vez que alguien entra o sale, y el eco del tráfico que comienza a moverse, Mauro se pone a ver por el cristal de la ventana, pensando  más allá de su imagen agrandada por el vidrio y  maldiciendo  el color de la tarde.


Beatriz Osornio Morales.

Algo de surrealismo para los que gustan de este estilo.


domingo, 15 de febrero de 2015

ALGUNAS CIUDADES



Hoy pienso en las ciudades que me formaron, que me dieron a beber su aliento de vida y traigo aun, un poco diluido en las arterias del corazón, cosa de nada. Describirlas, encuentro que es una cosa que no puede decirse tal cual, porque se trata de decir algo que va más allá de lo físico, algo que no ha aprendido el abecedario. No he podido encontrar la llave que abre la cerradura que guarda el misterio. Pero voy a balbucear como un niño sobre ello a ver quien entiende. 

Morelia es una ciudad con misterio, allí crecieron mis anhelos adolescentes, entre los siglos de sus edificios de cantera, se me despertó algo en la piel. Todavía me deleita el misterio de sus calles nocturnas donde deambulan mis pasos ilusos.

Hampton carece de misterio, es una urbanía peninsular de lo más ordinario, a donde no llega la conmiseración de dios, y dios es el mismo desconocido de siempre, el trago de la gracia entre conciencia y ebriedad, sus veleros parqueados por meses ininterrumpidos. Hampton es invadida cada anochecer por el ruido estruendoso de los aviones de milicia que practican hasta altas horas. Un aire sin misterio asfixia.

En un día soleado he visitado York City,  la original de Inglaterra. Sus calles angostas se estrechan más en los segundos pisos de las casas, York me hace pensar en el olor de las panaderías. Hacia arriba la estrechez incrementa como un abrazo a punto de darse, contrario a Nueva York que con sus rascacielos, expande el espacio, o brinda la sensación de levedad, el cristal nos muestra los nuevos ideales del espíritu que vive en elevadores de tiempo, y de ruidos urbanos. Ascendí por una mirada, subía hasta los campos de olivos en España, y me conmovieron los aromas de Granada. En una mañana fría, bebí el chocolate de Sevilla, su recuerdo es todavía un abrigo en invierno. Londres es la ciudad de los laberintos, nunca pudimos salir de ella, no en la luz del día, sino en la luz artificial del metro que nos llevó por túneles y pasajes radiales. Tengo la sensación de que debo volver para encontrarme con Ginia, y ver nuevamente los jardines reales de tulipanes, y esta vez, cruzar cada puente del Thames.

Chicago, en su tiempo fue un momento fugaz de clarividencia, no sé de qué otro modo describir su imagen clara y su simetría elegante. Wasington DC es una ciudad holgada, cosmopolita y con cierta movilidad que escapa a las palabras. Madrid, es un parque de esparcimiento, su arquitectura  invita a descubrir  el lado noble de su cultura. La vida fluye  en Madrid, se  detiene en los barcitos de tapas, en la Plaza del Sol, en sus museos, es un continuo encuentro la vida en Madrid.  


Este es mi granito de arena, espero escuchar de sus ciudades lejanas, porque hay ciudades que encantan.


BOM.