lunes, 27 de julio de 2015

Instinto Fugaz

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        El cerebro humano es tan rápido en su funcionamiento, que la formulación de reacciones aparenta ser fugaz instinto,  conforme surgen los versos, su elasticidad dual acaba en narrativa. Este post por ejemplo, era el final de unos versos que tenían que ver con la memoria, venir a ver en lo que acaba el final de un principio.

        Uno mismo no se da cuenta muchas veces de cómo pasa la mente de un pensamiento a otro, el asunto es que no entendemos cada función del mismo: Puede uno estar moviendo la mano sin pensar que lo está haciendo, o estar parpadeando, el corazón latiendo sin que uno sea consciente. 

     No se necesita la conciencia para respirar, gesticular o hacer uso del cuerpo, el cerebro, una parte oscura se encarga de ello ¿No es para sentirse traicionado o indefenso ante un desconocido? Tal es la naturaleza. Nunca lo viví más claro que durante los embarazos, todo ocurre silenciosamente en el cuerpo de la mujer, sin embargo, es allí donde se experimenta un algo, de que alguien debe estar a cargo de lo que sucede, se experimenta una presencia como recompensa a la soledad en la que nacen los hombres.


Beatriz Osornio Morales, imagen de la red.

martes, 21 de julio de 2015

TODOS SABEMOS DEL TIEMPO


La persistencia de la memoria, salvador Dali.

II

No es que de pronto el tiempo
arrancará en aleteos estruendosos
dentro de un reloj de arena;
o  se lanzara a la existencia desnudo
en su latido de péndulo,
los sordos también saben del tiempo,
lo que no saben es dónde oyeron
hablar de él.

Los ciegos saben del tiempo, pero
¿Cómo esos desarraigados de la luz
miden el tiempo, igual que la distancia?
Los desdichados,
 la única noción que tienen sobre  distancia
es el espacio entre sus piernas, y sus brazos
extendidos son la medida de la luz;
para ellos el único concepto de tiempo
es la oscuridad, un tiempo eterno.

Los mutilados saben del tiempo y es éste,
esa parte , la extremidad que les falta.
Con excepción quizá de los infantes
todos sabemos del tiempo;
sus vestigios,
su perversidad que horadamos
en nuestras prisas, la muñeca del reloj
nos acerca a la hora de nuestra muerte;
donde no hay tiempo más que para morirse.
Pero no queremos decirlo, sería patético,
sería sucumbir al derrotismo.
Preferimos  vivir convencidos
que  existe,
y que todos sabemos del tiempo.  
                              


Beatriz Osornio Morales

Para los que leyeron la primera parte, este es el desenlace de aquel proyecto que subi en el post anterior. Deseo que esten pasando un feliz verano.

miércoles, 15 de julio de 2015

Todos sabemos del tiempo

"Desintegración" Salvador Dalí

I

Una fecha más se cumple todos los días,
la conciencia de ello  lo vuelve inevitable.
Se buscan  antídotos contra el mal  tiempo.
Si es bueno que se detenga el momento preciso,
pero hay casualidades que no llegan
ni con la utopía ni en la  ciencia.
La rueda del tiempo no se detiene,
ha sido por los siglos invencible.

Los humanos hemos intentado  romper el absurdo
untándonos las miradas de los amorosos,
 la caricia,  el beso;
cortamos flores para evitar que se mueran
porque algo nos dice que entre los afectos
todo se salva,

al centro de la mesa o entre las páginas
de un libro, las flores están a salvo del frío,
del calor, el polvo y la ferocidad  del hambre;
un juego inverosímil quizá, y el invento del misil
pudo haberse gestado en charlas de café
a sabiendas del beso,

en medio de guerras nos ocupa enjugar
 lágrimas de hombres, mujeres y niños
sin otro recurso que
 el contenedor de las manos,
 la imaginación, los ensueños en esquirla
o la inocencia del recién nacido,
salvan todo eso, más, pero aun argumentamos

¿Quién estableció el asunto
del tiempo, cuándo?
¿Ya era y  lo descubrió  
un nómada en su aburrimiento,
lo percibió
como pájaro en vuelo?


Beatriz Osornio Morales. Imagen de Salvador Dalí.


viernes, 3 de julio de 2015

Estado Oscilante.



        Ese goteo afuera no es de lluvia. Es el goteo de la disolución. La nieve en el techo tarda en derretirse.

        El martes pasado nevó con intensidad considerable, tanto que cerraron las escuelas de los no sé cuantos distritos a la redonda.

         Hoy es sábado y por fin Salí de casa… maneje el carro a la biblioteca; al carro y a las casas les colgaban hielos transparentes de las orillas. Es corta la distancia de aquí a la biblioteca; un par de canciones en el radio sin anuncios, uno o dos milímetros de hielo derretidos y hemos llegado, proveyendo que los semáforos estén en verde y los hielos alargados y delgados. De aquí a la biblioteca hay tres semáforos.  En la biblioteca conseguí películas para ver en casa, es una suerte que te las presten toda una semana y son películas de actualidad.

        Me aburre tratar de contar las cosas que suceden en forma de diario, es como tratar de vivir la misma cosa dos veces y es que la vida no se detiene, por eso de las cosas que componen tus días mejor no hablar.

        En cambio el goteo que por momentos cesa allá afuera, inventa la lluvia aquí adentro. Pero no es la lluvia torrencial como decía, es el después de la lluvia, el olor a tierra mojada, las gotas abrazadas a las hojas, reverdecidas por un lustro de humedad, es la calma que viene tras la tormenta, y un recuerdo sentado junto a mí como único compañero, con el que hablamos largo rato. El recuerdo busca mis ojos solo de vez en cuando, sin que eso implique inconveniente para una armoniosa conversación, sin protocolos y sin conclusiones. Nos alcanzó el anochecer todavía charlando de las cosas comunes y no tan comunes ni corrientes de la vida.




B.O.M.

martes, 16 de junio de 2015

SOLILOQUIO


    
 Cuando hay audiencia el soliloquio cesa.
     Las voces en la oficina se cruzan desorganizadas, ignorando la mitad de  las otras voces (piip, piip, piiiiiip ¿Paso bien el fax?  -Con gusto le comunico –Podría encontrarme el archivo de fulanito? –El pago esta hecho –Con copia para el director por favor –En un momento le atiendo) y chocando a veces con la premura de una respuesta.
     A veces el mono diálogo de la telefonista permanece por sobre todas las voces, gobierna las masas de una audiencia invisible que mueve la rueda institucional a la que pertenece sucinta mente.
     El director hace rato que corre de un lado a otro, solicitado por asuntos embarazosos relacionados con el comportamiento de algunos estudiantes. Ha sido un día de esos en los que un percance desencadena otro.  Los adolescentes son válvulas de escape que contienen material hormonal explosivo.
     Durante la primera hora, Cooper, sí, el mismo Cooper de siempre fue enviado a la dirección por Ms. Call. Lo adivinaste, comportamiento inapropiado. La ventaja de estar en la oficina es que la información se maneja de fase en fase, mientras te enteras de una parte del asunto por un lado,  más información se presenta por otro y oyes el resto tras de las puertas,  el caso está claro. Cooper le manoseó  el trasero a  Reachel, la muchacha de apariencia oriental que me ayudó a encontrar el salón de clases en mis comienzos como substituta en la escuela, tiene una apariencia linda y delicada, piel blanca pero no traslúcida, pelo lacio y largo, naturalmente oscuro,  su personalidad es agradablemente amigable. Mrs. Call se dirigía a su clase, cuando observó lo ocurrido y lo reportó, de no haber sido por ella el hecho hubiese pasado inadvertido. Cuando interrogaron a Reachel su actitud no fue de negación ni de alarma, al contrario dicen que lo tomó con tranquilidad, lo que sacó a Mrs Lovel de sus casillas. –Dices que está bien, pero vamos a revisar el asunto, déjame decirte algo, y que te quede bien clarito –“No está bien aceptar eso”, dijo alzando considerablemente la voz y mirando a la chica fijamente con sus ojos azul celeste. -Es cierto que no es la primera vez que sucede, ni eres tú la única a la que le ha ocurrido, pero eso no quiere decir que esté bien aceptarlo. A tus padres no  les haría gracia enterarse de lo ocurrido.
     El director siendo hombre, normalmente deja las interrogaciones de las chicas en manos de Mrs. Cecere,  pero lleva tres semanas ausente por una cirugía en el cuello, por lo que delegó la tarea a Mrs. Lovel, una maestra de edad media avanzada y con voz suave, pero autoritativa. A Cooper lo recibió el director en su oficina  después de una hora, y por lo que veo, esta vez tampoco fue tan severo con él, un día en detención y en la escuela, nada que a Cooper  le duela demasiado, sobre todo, nada que le cueste al director la amistad con los padres del chico. Se oyen rumores de que son influyentes.
     Más tarde, entra en la oficina un estudiante visiblemente molesto, la cara roja y la mirada severa. Le pregunto si desea ver al director, a lo que responde positivamente meneando la cabeza, y sentándose sin esperar a que yo le indique que puede sentarse. “Nada como eso” pienso mientras marco la extensión. Recuerdo que no le he preguntado el nombre, así que me apresuro a hacerlo antes de que el director levante el receptor.
     Acabo de anunciar a Eric, el chico molesto,  cuando dos estudiantes más entran acompañados por la suplente de la maestra de Culturas Internacionales. Preguntan por Eric, les digo que se encuentra hablando con el director. Los dos estudiantes afirman que vienen a reportar que durante la clase uno de ellos fue empujado fuertemente por él,  tan duro que fue a dar fuera de la silla y contra los mostradores que hay en la parte posterior del salón. El otro estudiante dice ser testigo. Les indico que tomen asiento,  habrá que esperar a que el director termine de hablar con Eric para anunciarlos. La maestra se muestra conmocionada al relatar carrereada mente lo ocurrido,  y se va porque ha sonado ya la campana para la siguiente clase.
     Otra vez el soliloquio.
-Secundaria de Poquoson, buenos días ¿En qué puedo ayudarle? -Permita me, en seguida lo comunico –Caballeros, ¿Podrían bajar la voz por favor? – Lo siento -¿Con quién? –Ah, sí con gusto le comunico –Un momento por favor.  

     El teléfono se ha vuelto loco. Pero la telefonista acostumbrada a ello, mantiene la calma en la oficina, donde sin el teléfono reinaría un silencio sepulcral.


Beatriz Osornio Morales, imagen de la red.

miércoles, 3 de junio de 2015

PENDULO (el poema)




Espasmo

el espacio se abre bajo tus pies

queda en suspenso el tiempo

sopla fuerte  y con su cuerpo

tiende puentes en alto

los sonidos ilegibles

no siempre son de viento

algo te dice que el puente tirado

quiere hablar

oyes que reza del gris

al rojo

 repite las casas bajo su arco

un tic tac gravita

hasta hacerse oír

por la chimenea de las palabras


Palabra

aquí a medias tic

columna endeble allá  tac

tic plano de edificio

en azul tac

por obra de su cuerpo

cruzas el tac puente tic

del silencio al vocablo

del murmullo al grito tic tac

pero has de irte con cuidado

para no perder el escalón

del tiempo y caer tic

a un estanque vacío tac

bajo el espasmo


Sin miedo

a que la puerta  se cierre

antes de tu regreso

antes de llegar siquiera

al final del puente

comprendes que la palabra

construyó  una ciudad

y el silencio otra

vives pendiente de las dos.


Un día seremos eco

del tic tac  de hoy pero

Por ahora basta ser el tiempo

 que un día era nada.




Beatriz Osornio Morales. Imagen de la red.

domingo, 24 de mayo de 2015

Arrebatos de Belleza.



¿Qué tipo de vidrio es ese por donde se observa un verde mar?
Una esfera de nácar alrededor de tu cuello,
flota cual satélite en el espacio áureo de tu piel,
mientras en su redondez florecen mis ojos.


     Lo mejor del día fue descubrir que alguien supo hablar de la luz a través del agua, de cómo el agua cambia de color bajo  el  rubor de la luz vespertina, o el suelo del mar bajo su movimiento. Por lo menos un alma, la de Virginia,  supo descubrir la forma de expresar su esencia y perseguirla hasta su muerte. Sería fácil deducir que su elemento favorito fue el líquido vital.

     Ella era experta en expresar esos arrebatos de belleza (solía llamar arrebatos a los descubrimientos repentinos, en los  que se deleitaba,  sufría o padecía hasta la locura con la misma maestría,  con la que estaba alegre y osaba sentido del humor corrosivo). Sus palabras aun pintan mares musicales  y las palabras sonríen ante su música.

     Y hablando de sonrisas parlantes, ayer yo misma encontré uno de esos arrebatos de belleza, cuando me quede varada  de este lado de la pared de cristal,  observando dos arbolitos vestidos de color de rosa que estaban del otro lado,  coqueteando entre sí,  ignoraban  que desde adentro, eran observados por una mirada curiosa. Por un lado, la pared de la oficina los protegía de muchas miradas, y por el otro  la pared del salón de clases. Las dos paredes y el muro de cristal, sospecho que no son indiferentes a los arbolitos que en ese cuenco se encuentran a salvo del viento, manteniendo así,  sus ramas en flor, intactas. Yo me absorto, sumida en la transparencia, imantada a la imagen de los dos árboles rosaseos contra el cielo perfectamente azul, en contraste, la franja del verde pasto, donde salta a la vista el todo de la primavera que no se sabe observada. Quizá sean momentos como este,  lo que los hombres en nuestra pequeñez llamamos “el todo”

       “En el jardín de St.Eves estaba viendo la cama de flores por la puerta de enfrente: “Eso es el todo” dije al estar mirando una planta con hojas esparcidas. De pronto pareció claro que la flor misma era parte de la tierra, que un anillo contenía lo que era la flor,  y era la verdadera flor, parte tierra y parte flor.”

     Virginia Woolf tuvo la suerte de encontrar el todo en una flor observada contra el suelo, uno imagina tan bien aflojada la tierra que parece estar aireada; la perfecta cama de flores, y la flor desplega  su osadía en el color de sus pétalos. Al leer esa narración en el libro “Momentos del Ser” imagine a la flor osada como una novia que desviste su belleza en la cama.

     El estilo de escritura de Ginia no era pastoril, ni floríl, ni siquiera bucólico,  su literatura era adhesiva, multidimensional. La psicología cósmica  era parte del paisaje, y el paisaje se convertía fácilmente en psicología. Racionalizaba cada sensación por mínima que pareciera, lo que algunos les parecerá chocante. Pero sus ideas escritas, cómodamente se transforman en “sensorial reality”  texturas que se instalan en los objetos personales, en la casa, en la mirada, en la mano escribiente, en el subsuelo imaginánte, o bien el oasis de un pensamiento. Su estilo, tiene la movilidad del agua y perdura en la flexibilidad cromática de una luz que se arruga.


      Al leer a Virginia me doy cuenta de que no soy la única que padece esos arrebatos de belleza, a los que sonrío a través de la transparencia que en este momento tú lees bajo mi pretendida invisibilidad.


Beatriz Osornio Morales.