domingo, 27 de julio de 2014

Malinche

 



Este es el título del libro de la autora Mexicana Laura Esquivel, autora también del afamado libro llevado a la pantalla del cine,  Como Agua para Chocolate.

Malinche, es una novela histórica basada primordial mente en la intensa y trágica relación amorosa que se daría entre el conquistador Hernán Cortez y su intérprete,  Malinalli, mujer nativa de familia noble, de regiones conquistadas en primer lugar por los aztecas. Habiendo perdido a su padre y abuela, fue vendida por la madre como esclava, así que desde muy chica fue de señorío en señorío de la las poblaciones de habla Nahuátl a los de habla Maya, donde fue a dar con el mismo Cortés. Malinalli como sus contemporáneos creyó en un principio que Hernán Cortés era la reencarnación del dios de sus ancestros, Quetzalcóatl,  por dicha razón asume que su tarea es ayudarlo, como intermediaria entre él y los miembros de culturas nativas.

 “Hija mía, tú vienes del agua y el agua habla. Tú vienes del tiempo y vivirás a tiempo y tu palabra vivirá en el viento, y será plantada en la tierra. Tu palabra será el fuego que transforma todas las cosas. Tu palabra vivirá en el agua y será un espejo para la lengua. Tu palabra, tendrá ojos y verá, tendrá oídos y oirá, tendrá tacto para posarse en la verdad, y para decir verdades que serán vistas como mentiras. Y con tu palabra, tú serás capaz de regresar a la quietud, al comienzo donde nada es, donde toda la creación regresa al silencio, pero tu palabra, lo despertará, y tú nombrarás a los dioses y les darás voz a los árboles, y le darás a la naturaleza una lengua para hablar por ti de lo invisible que nuevamente será visible a través de tu palabra. Y tu lengua será la palabra de luz, un pincel de flores, la palabra de colores que tu voz usará para pintar nuevos códices.”(1)

En el  ritual de bautismo que los antiguos ancestros realizaban, su padre cantó estas palabras en el bautizo de Malinalli,  mismas que parecen haberla guiado a lo largo de su vida de grandes responsabilidades históricas. Yo he leído el libro en inglés hace tiempo, y mientras leía me encontré traduciendo al español en mi mente muchos pasajes hermosos, por lo cual, si hay errores de sintaxis o terminología, ruego una disculpa a la autora. Entendiendo que se trata de un libro que merece la pena ser leído, decidí hacer esta presentación especial.

 Malinalli ha sido considerada a lo largo de la historia mexicana como traidora a su raza, nos enseñan eso desde los primeros años de escuela, hasta la fecha,  decir “malinche” es sinónimo de traidor. Pero en este libro, se descubre en ella, un personaje fascinante.

Los antiguos mexicas, decían poemas épicos de su gente a través de imágenes. Todas sus experiencias eran recolectadas en pedazos de papel que representaban la manera de existir en su tiempo”(2) escribe la autora en su nota de introducción, para aclarar que entonces todavía no se contaba con un sistema de escritura, así que por dibujos o por historias habladas era como se transmitían las costumbres y tradiciones de una cultura.

El término Malinche, es posible que venga del término náhuatl “malintzin”(3) el cual representa el diminutivo de hierba que sirve para hacer cuerda, y que al parecer se utilizaba como sinónimo de Malinalli,  conocida como Doña Mariana, o También se le llamaba Malinalli de Tenépal. La palabra náhuatl tenépal significa “persona que tiene facilidad de palabra, que habla mucho y con animación(4) De todas estas explicaciones técnicas,  no se habla en el libro, quizá por falta de relevancia. Se encuentran muchos otros detalles en lo que es la bibliografía de Laura Esquivel, al final del libro, donde podemos corroborar que la autora se informó muy bien sobre los hechos históricos. Otros aspectos, por pura curiosidad insana,  los encontré yo en wikipedia.

Malinche es un libro que sorprende grata mente por su lirismo bien ensamblado, en una prosa lucida. Es una  obra generosa que nos evoca y transporta a los escenarios y creencias de una rica cultura pre hispánica, donde los dioses no se esconden de los hombres, se hacen visibles y hasta tangibles, entregándose a la humanidad en los elementos y haciéndolos parte del todo. Su deidad está conectada a todas las cosas del universo.

Beatriz Osornio Morales,imagen de la red.


Citas:
1.      Malinche Pag. # 9
2.      Nota de autor.

3.      y 4. Wikipedia. Internet.

martes, 22 de julio de 2014

El Universo de tu Recuerdo


                   Cielo Estrellado de Vincent Van Gogh


En el sudario de la noche

donde te pienso,

cabe el universo con su fuego

yo, simple mortal,

grandeza de ala quebrada,

todavía encuentro entre las líneas

de mis sabanas,  tu cuerpo;

otro doblez de universo

y este es, puedo asegurarlo

el otro lado de la montaña

por escalar,

pero aquí y ahora

solo importas tú,

nuestra historia, el recuerdo

donde cabe todo hombre

que yo  he visto,

y el whisky que compartimos

en aquella barra,

sin olvido.



Beatriz Osornio Morales. Imagen tomada de la red.

martes, 15 de julio de 2014

PÁJARO AZUL (Re edición)





PAJARO AZUL

¿Qué es lo que nos queda
si el mar se deviene en olas y abandono
si  nuestro abrazo
es un cofre de malos sueños
si crecer es una yaga interna?

¿Quién cura la desesperanza
de los cangrejos
si se esconde bajo la lengua el tiempo
como la brújula de otro compás?

¿Qué  si los cuentos de hadas
no son más que  silencios inexistentes
y  pueblan la ciudad con unicornios
y trencitos armables?

¿Qué hay detrás de sentir
dragones en la piel cuando amamos
si la fatalidad es una flecha en el blanco
y cada palabra está herida?

¿Qué cuando la inmovilidad es un soldado
una enfermedad de manzanas envenenadas
y se fuga por la calle infalible?

¿Qué es lo que nos queda del olvido
si es sólo  un pájaro azul
en el espejo retrovisor?



Beatriz Osornio Morales


Algo del baúl de los recuerdos.

jueves, 10 de julio de 2014

ABSTRACTO


¿Es posible  llegar a un punto abstracto de la vida? 

Si es posible, debe ser ese momento donde el paso se nos detiene en seco, de golpe,  como si una fuerza invisible jalara hacia adelante y otra hacia atrás, quedando solamente las laterales despejadas. Sabemos que no podremos ir hacia la izquierda o la derecha, antes,  tendremos que  liberarnos del alto total que producen esas dos fuerzas, que se encuentran y rechazan al tiempo de hacer coalición. La materia puede despedazarse si la intensidad del choque es extrema, la energía del ser saldrá volando en añicos, como un vidrio hecho pedazos. Con la energía dividida ¿Seguimos siendo lo que somos, seguimos siendo?

En este momento tengo la sensación del vidrio roto, pero quizá solo sea cuestión de física. Por lo pronto, queridos lectores,  dejo  este lienzo abstracto hasta recuperar mi unidad creativa y el cielo se despeje.



Beatriz Osornio Morales, imagen tomada de la red.

lunes, 9 de junio de 2014

Una mañana con Truman Capote


 

He viajado algo esta mañana. Primero estuve con Truman Capote en New York, sentados en un restaurante de Manhattan  frente a su millonario amigo, Gorge. Truman y yo escuchamos a George narrar la  desesperada situación presente de su enredada vida. No basta ser millonario para tener una vida envidiable.

Si pasas tiempo con Capote seguramente vas a experimentar momentos contrastantes.

Truman que al principio pareció resistente a un encuentro con George,  con quien según él no tiene nada en común, sin embargo es su amigo,  termina tomando le las manos en la miseria de su sufrimiento, la soledad y la casi total pérdida en el alcoholismo.  Trata de confortarlo y a la vez desea poder hacer algo para salvarlo de su desdicha.

“TC: (Al mesero) Que sea  sencillo.
George: (En  tono poco agradable) ¿Estás diciendo que he tomado demasiado?
TC: Si tienes que regresar a la oficina, sí.
George: -No voy a regresar a mi oficina. No he estado allí desde principios de noviembre. Se supone que tuve una recaída nerviosa, un breakdown por exceso de trabajo y fatiga. Se supone que debo estar descansando tranquilamente en casa, tiernamente cuidado por mi adorable esposa, quien se ha encerrado en su cuarto de pintura, pintando barcos, un barco, el mismo  maldito barco una y otra vez”

 Y así, nos bosqueja George la espiral de su desdicha. No importa  contar detalles, ni apuntar el dedo a una causa específica, a una persona específica,  solo basta decir en este caso,  que  es admirable la empatía del ser humano ante el sufrimiento, ojalá hubiese más personas con empatía.

De New York a New Orleans,  solo me tomó voltear unas cuantas páginas para encontrarme en una banca de la plaza Jackson, aprendiendo nuevamente parte de la vida de Truman Capote. New Orleans es el lugar donde nació y creció, y escuchándolo hablar,  no puedo evitar sentirme parte de su soliloquio. Truman es un escritor que con frecuencia se presenta como un personaje más de sus libros, quizá sea  debido a su empeño en retratar la realidad lo más fielmente posible. He dicho soliloquio solamente porque en esta serie de relatos mayormente narra en primera persona, aunque en algunos relatos de la misma colección maneja mejor el diálogo sin intervención de un narrador, lo cual permite que la historia se vaya contando por los personajes, sus decires y acciones, como en la vida.

“Aun así, un muchacho sale; y ahora estoy aquí de regreso en New Orleans, mi lugar de nacimiento, mi antiguo pueblo, asoleándome en una banca del parque en la plaza Jackson. Siempre, desde los días de escuela, mi lugar favorito para estirar las piernas, y para ver y escuchar, para bostezar y rascarse, y soñar, y hablar a solas. Quizá usted es una de esas gentes que nunca habla consigo mismo, es decir, en voz alta, tal vez piensa que solo los locos hacen eso. Personalmente, yo considero una cosa saludable mantenerse acompañado de ese modo”

¿Y quién en este negocio de vivir no ha tenido momentos de soledad acompañada? El que sea libre de pecado tire la primera palabra.
Y con esto los dejo para yo seguir disfrutando de mi café caliente.

Fragmento 1:  Del relato: Hello Stanger, parte de la serie de Conversational Portraits
Fragmento 2:  Del relato Hidden Gardens de la misma serie.


Texto: Beatriz Osornio Morales. Imagen de la red.



jueves, 29 de mayo de 2014

Gustavo



Un día del mes  de julio de un año que ya olvide, conocí a Gustavo. Me encontraba sufriendo por las cosas tiradas a la basura debido a otra crisis de aprehensión.  En seguida me sorprendí  haciendo confesiones a un completo  desconocido, hombre atractivo por cierto; alto y fornido, llenaba perfectamente el pantalón casual que traía, el suéter beige y hasta los zapatos café oscuro que calzaba.

La gente quiere deshacerse de lo usado, tirarlo, reemplazar  todo como si todo tuviese que ser siempre nuevo.

Yo  le dije a Gustavo que  sufro por las prendas que han sido parte de mi piel, como tu recuerdo,  pedazo de trapo rojo, raído si quieres, pero lo atesoro junto con la blusa que llevaba cuando lo conocía a él. Con esa blusa azul marino que deja ver el cuello sin obstáculos y traslucir otras partes del cuerpo,  me subió el color a las mejillas, como cuando tus ojos encontraron a los míos, y se quedaron allí mirando, estudiando cada gesto del alma en mi sonrisa.

Conocí a Gustavo tomando una taza de café caliente, no importa cuándo, solo sé que era en Julio y   era en casa “y en una banca del parque” la tinta escribe; Gustavo, al principio simplemente miraba por el rabillo del ojo de las letras. Más tarde declaró que la trayectoria de las líneas que escribía yo no era derecha. Cuando las letras buscan defensa, la tinta responde que lo mejor está en lo que no está, como si dos gentes que se extrañan se unieran mejor en donde no están juntas, como si la tinta se moviera  atraída por una fuerza de creatividad oculta.

Esto ya lo había vivido, siento como si tus palabras me delinearan,  increpa Gustavo.

Las gotas de lluvia caen en el cristal del sueño. Gustavo hace rato que se quedó dormido con la taza de leche (él no toma café)  a medias, en la mano derecha, allí junto al sillón redondo donde lo escribí por primera vez. Le he puesto un cobertor para cubrirle del frío.  Después recogí la taza, la puse sobre la mesa de la cocina y antes de irme a dormir,  acomodé el frutero en el centro del mantel.



Beatriz Osornio Morales.

lunes, 19 de mayo de 2014

IZADAS LAS VELAS



La rima prometía ser un lugar seguro
a donde ir cuando se está desamparado,
al acecho de sentimientos contingentes.

Hoy  estoy aquí
porque no hay lugar más seguro
que tomarte del brazo,
andar juntos las digresiones 
y profundidades del  poema,
y desafiar a tiempo el aire que duele.

Todas las tiendas están cerradas
y las cervecerías,
a veces prometen hacer lo mismo
que la florería de doña Luz,
que  ha vendido
el último ramo de flores.

Estas desaliñadas palabras, ingenuas
persiguen el verso hasta su orilla,
sin temor de llegar a un precipicio,
en el fondo saben que los poemas viajan
de boca en boca,   las velas
izadas al viento.

Apresuradas palabras en formación
mis lenguas,
ya no temen  que al detenerse puedan ellas,
romper la tregua y sucumbir sin más
al golpe  inclemente de la rima.



Beatriz Osornio Morales.